¿Por qué los niños se ponen malos de noche?

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

He perdido la cuenta de las veces que me ha ocurrido. Mis hijos pasan un día estupendo: juegan, corren, ríen, comen, vuelven a jugar... Y, llega por fin la hora de dormir. Les acuesto exhausta tras un largo día y a las dos horas, justo cuando había caído en un profundo sueño, uno de ellos, llora.

Acudes corriendo intentando encontrar a ciegas el camino hacia su cuna mientras te destrozas el meñique con el pico de la puerta y al tocarle... ¡bingo! El niño está hirviendo, tiene fiebre y los mocos se le caen a chorros. No hay escapatoria, vas a pasar la noche en vela atendiendo a tu hijo. Eso mismo es aplicable a vomitonas, diarreas, gastroenteritis, otitis... 

Razones por las que los niños enferman principalmente de noche

Por qué los niños enferman más por la noche

Hay veces que ciertos síntomas nos anuncian la tormenta que se desatará por la noche: están más irritables, lloran más, están amodorrados o más cansados e incluso lo opuesto, excesivamente activos.

Es una faena cuando de noche, has de cambiar sábanas sin parar porque el niño no para de vomitar, o tienes que levantarte doce veces porque el bebé se agobia con los mocos y está incómodo o porque tiene tos persistente y no hay forma de pararla. Lo curioso del caso es que al día siguiente, muchas veces los niños están como rosas y tu te vas a trabajar con la legaña puesta y la sensación de haber servido de sparring a alguien.

Pues bien, todo tiene una explicación, veamos:

- los niños asmáticos, sufren más crisis nocturnas porque de noche aumenta el nivel de histamina, la sustancia química que interviene en la inflamación en el sistema inmune. Además, la posición tumbada dificulta su respiración.

- la otitis ataca más de noche porque el líquido en el oído hace presión sobre el tejido inflamado y duele más.

- la fiebre sube de noche porque la temperatura del cuerpo aumenta durante esas horas.

- los niños tienen más mocos porque las fosas nasales tienden a hincharse cuando nos tumbamos y se sufre de mayor congestión.

- lo mismo ocurre con la tos, al estar acatarrados, la mucosidad gotea desde la nariz hacia la garganta por la parte posterior y nos hace toser, lo cual empeora si el niño está tumbado.

¿Qué podemos hacer? Cuando esas pequeñas señales nos alertan conviene que dejemos preparado a mano un botiquín básico: termómetro, antipirético, humidificador, suero salino para la nariz... Por lo menos para no andar como zombies por la noche buscando lo que necesitamos y actuar con más rapidez.

Y, para nosotros, un paracetamol para el posible dolor de cabeza que tendremos al día siguiente por haber pasado la noche en blanco.