



Los tiempos en que la cría y el cuidado de los bebés correspondían casi en exclusiva a las madres han pasado a la historia. Los varones tiene ahora un papel cada vez más activo, aunque en la mayoría de los casos no sepan muy bien cómo actuar, sobre todo cuando se trata del primer niño. Desconcertados, sin formación alguna ni experiencia previa, los hombres se lanzan a cambiar pañales, a preparar biberones y a atender las necesidades de sus hijos con las únicas guías de su intuición y de cuanto pueden copiar de las madres, auténticas expertas de generación en generación. Nadie les enseña nada.
Trabajar con papel maché es muy fácil, resulta barato y no perjudica al medio ambiente. A los niños les encanta hacer una pasta de papel maché con recortes de papel y engrudo, mezclarla, amasarla y probar a modelar divertidas formas. Las posibilidades son innumerables. Se comienza con formas sencillas, como por ejemplo una bola, que puede terminar convertida en una cabeza. Una capa fina de papel maché sirve para hacer letreros o colgantes. Con un poco de práctica se obtienen también formas de mayor complejidad. A objetos como globos, cuencos o pequeños cacharros se les puede dar otro aspecto adornándolos con papel maché. Botellas o tarrinas de yogur o postres sirven de base para la realización de otros objetos. Una vez secas y colocadas las diferentes piezas, éstas se pintan. Gracias a las innumerables posibilidades que ofrece el trabajar con papel maché no hay límites para la fantasía.