Los osos siguen siendo la personificación de la ternura, de la torpeza, y de la dulzura. Los ositos acompañan y crecen con los niños. Invadieron los muñecos de peluches,
juguetes, los dibujos animados, documentales, películas, y la literatura. Hay osos por todas partes. Las aventuras de
Winnie Pooh, el
Hermano Oso,
Los tres ositos y ricitos de oro, el huérfano Youk en
El oso, el cuento
El oso golosón, el refugiado
Oso Paddington, el más vital Balú de
Mogli, son apenas algunos ejemplos de lo mucho que el arte y los niños quieren a estas grandes criaturas. Sin embargo, la figura del oso solitario que lucha por la sobrevivencia, del oso glotón que se lambucea con la miel, o del oso amigo, está siendo suplantada por la de un oso loco y sin límites. Me refiero a Po, el oso de
Kung Fu Panda, el último estreno del cine infantil.