Mi hija empezó a sentir
cólicos al segundo mes de nacida. Empezaba a llorar desconsoladamente, y siempre a la misma hora, al atardecer, aunque estaba bien limpita y alimentada. Al principio, no sabía qué hacer. La llevé al médico y ahí supe que lo que ella tenía eran gases, una molestia que sufre más de la mitad de los
bebés recién nacidos.