Enseñar a nuestros hijos a
controlar sus impulsos debe ser una de las metas en la
educación familiar; es algo así como la acción de "amaestrar" a la zorra de que hablaba Saint Exupery en su genial y siempre actualizado libro
El Principito. Un niño impulsivo es aquél que actúa sin pensar y sin medir consecuencias de sus actos o palabras.