Las palabras tienen poderes. No me acuerdo bien de quién o cuando escuché esta afirmación, pero lo que sé es que con el tiempo me fui dando cuenta de que eso es cierto. Hay palabras que hieren, que lastiman, especialmente si son dichas muchas veces por los padres o profesores. Los gritos y las explosiones pueden conseguir
disciplina, pero también pueden causar heridas profundas en la
autoestima de los niños.