Cuando vemos a nuestro recién nacido por primera vez, nos llama enormemente la atención: parecen viejecitos arrugados, peluditos, grasientos, colorados, con la mirada perdida... pero no nos importa, es nuestro niño/a, ¡no hay criatura más suave y maravillosa sobre la tierra! Eso sí, lo del
ombligo me supera...