Hemos visto muchas veces en las
pelÃculas antiguas, cómo, cuando llegaba la hora del
nacimiento de una criatura, asistÃan a la parturienta todas las mujeres de la casa: matrona, madre, suegra, hermanas o criadas, acudÃan presurosas con agua caliente y paños limpios, mientras el padre esperaba afuera consumiéndose de
ansiedad y
fumando como un carretero, con el mismo protagonismo que un jarrón de porcelana.