Ser organizado puede comenzar como un
hábito en la niñez, y con el tiempo, convertirse en una utilísima virtud en la vida profesional, e incluso en la
estabilidad emocional. Pero esto puede parecernos una quimera a muchas madres cuando nos asomamos al cuarto de nuestros hijos y vemos una imagen que horroriza: ropas por los suelos; zapatos y calcetines por todos los lados, juguetes y libros apilados; y de las gavetas y armarios... ¡mejor ni hablar!