No existe nada que irrite más a un niño y a todos los que están a su alrededor, que
la tos. Mi hija, cuando era pequeña, a veces pasaba noches en vela, tosiendo sin parar. Además ella solía tener lo que los médicos suelen denominar como la "tos de perros", que es aquella tos insistente, ronca y sin mocos (improductiva). Para controlar la tos, el médico le mandaba un jarabe, pero también solíamos utilizar algunos
remedios caseros.