Uno de los momentos que más guardo con cariño entre mis recuerdos, son las tardes que pasaba con mi hija en la Biblioteca infantil de donde vivo. Las tardes de los viernes eran sagradas, mágicas, y muy esperadas. Yo la sentaba en una sillita para los más pequeños que habÃa en la biblioteca, y nos dejábamos llevar por los colores, por las ilustraciones, por lo que nos contaban
los libros.