Algunas de estas calurosas noches de
verano, en que los niños se van a la cama más tarde como privilegio de las vacaciones, mi marido se sienta con ellos en las escaleras de la entrada de casa y, a la luz de las estrellas, les cuenta historias de todo tipo. A veces son cuentos, a veces argumentos de
libros clásicos, a veces son, incluso, lecciones sencillas de naturaleza. Pero mis hijos escuchan siempre embelesados ¡tanto como cuando les pongo ante
la televisión a ver su pelÃcula preferida!