Rabietas

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Mi hijo de dos años me dice constantemente con su lengua de trapo: "No mamá, yo solo". Si yo le abrocho el abrigo, él, muy contrariado, se lo desabrocha y a continuación lo hace él mismo, mirándome con desafío; si le llevo su pequeña mochila, él se rebela y me dice un largo "nooo, yo". ¡Es que ya no me deja hacer nada! Habla poco, pero esta frase la domina a la perfección. ¿Cómo debemos actuar ante esta nueva etapa de nuestro hijo?
A mí me encanta pensar que cuando sea abuela, todo será más fácil, ya que podré amar y disfrutar de mis nietos, sin la carga de ser yo la responsable de su educación (aunque algún consejillo o recomendación salga de mi boca). Como padres tenemos un papel importantísimo que cumplir, nadie nos puede suplir en ello y los niños no pueden ni saben educarse solos.
Estoy convencida de que los hijos sacan lo mejor y lo peor de nosotros. Hay días que tenemos ganas de dejar todo, trabajo, tareas de casa, e incluso olvidarnos de nosotras mismas, para estar totalmente con ellos. Y hay otros días que lo que deseamos es desaparecer de sus vidas, dejarles hacer todo lo que quieran y ya está. Ellos nos hacen sentir tanto como la persona más plena del mundo, como la más "monstruosa". ¿Será eso normal?
Hay bebés extremadamente sensibles a la salida de sus primeros dientecitos. Hasta que el diente logra romper la encía, nuestros pequeños pueden pasar unos días de un humor espantoso, cualquier contrariedad les hace estar muy rabiosos y llorones.
Cuando un grupo de madres se reúne para charlar, uno puede escuchar de todo. Que el hijo de una no duerme, otro que no come, otro que sigue haciendo pis en la cama,... Parece ser que todo son problemas... Lo ultimo que escuché y que me llamó la atención fue la preocupación de una madre por la actitud negativa que tiene su hijo.
Sobre el chupete se han escrito ríos de tinta: su efecto tranquilizador, el momento de incorporarlo o de quitarlo y cómo hacerlo, los inconvenientes de su uso, si merece o no la pena ofrecerlo a tu bebé...
"¡Es un plomo!" Con esa frase la vecina sentenció a un niño que no paraba de atormentar a sus padres. "¿Venenoso?", le preguntó mi amiga, maestra de química de nivel medio. "No, pesado", le respondió. "Pues el plomo debería conocerse más por su efecto perjudicial sobre la salud que por su peso específico", enfatizó.
Entorno a los dos años, nuestros hijos viven y nos hacen padecer a los padres una de las etapas más difíciles de soportar. Las rabietas de nuestros hijos pueden durar más o menos en el tiempo y ser más o menos acusadas, pero en cualquier caso serán un entrenamiento excelente para poner a prueba nuestra paciencia.
Los niños son incansables e inagotables principalmente en las vacaciones. Juegan en el patio, en el jardín o en el parque, van a la piscina, a la playa o de paseo con sus padres, tíos o abuelos, ven la tele o van al cine, juegan a la PlayStation, a la Nintendo, y no se a cuántas cosas más, pero llega un momento, claro, en que no tienen nada qué hacer, y empiezan a repetir una y otra vez: "Mamá, que me aburro…"
Dentro de su propósito de trabajar para la defensa y promoción de los derechos de la infancia y por la justicia para todos los niños y niñas del mundo, Save the Children publica en su revista digital una guía práctica con pautas sencillas y ejercicios de reflexión para ayudar a los padres a que consigan el pleno desarrollo de sus hijos.
En una ocasión he oído a alguien decir que un niño sin límites no es un niño feliz. No sé exactamente quién lo dijo, pero cuánto más buceo en el mundo de la educación, mas me convenzo de que lo que he oído es una verdad absoluta. Los límites hacen con que el niño se sienta controlado y cuidado, y sobretodo seguro.
Un niño de tan solo nueve años golpea con un palo a otro niño en un parque. Los padres del niño agredido invitan a los padres del niño agresor a su casa para hablar del tema cívicamente. Lo que empieza con tolerancia y comprensión acaba llevándoles, por un cambio de actitudes entre ellos mismos, a enfrentarse mutuamente, dejando al descubierto lo complicadas que son las relaciones humanas, y más aún, cuando se trata de padres.
Esta semana he leído una crónica que me hizo recordar una de las polémicas y tan oportunas conferencias del titular de menores de Granada, Emilio Calatayud. Un niño de unos 11 años de edad gritaba a sus padres en un aeropuerto porque su juego de video portátil se había quedado sin batería. Su padre le dijo que le daría otra cosa para que él se entretuviese, pero el niño no aceptó. Insistía en que el padre le tenía que comprar ya un cargador de baterías. El padre asintió a las exigencias del hijo y le prometió que así que llegasen al destino del viaje, lo haría. Y si no encontrase tiendas abiertas, que al día siguiente, no más levantarse, se iría a buscar una tienda para comprar el "bendito" cargador.

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