Hace años, cuando mi hija tenÃa unos 5 o 6 años, hemos tenido una pequeña tortuga en casa. Al principio, todo era novedad y mi hija estaba muy pendiente de su
mascota. Le daba de comer, le cambiaba el agua, pero con el tiempo ella se cansó y apenas miraba la tortuguita, obligándonos, su padre y yo, a ocuparnos totalmente del animal.