Disminuye el juego libre y aumentan los trastornos mentales en los niños

La razón por la que los niños tienen más ansiedad y depresión que nunca

Alba Caraballo Folgado

Según un estudio publicado por Jean Twenge de la Universidad Estatal de San Diego, las tasas de depresión y ansiedad entre los jóvenes estadounidenses han aumentado de forma constante de los últimos 50 a 70 años.

Encontramos datos similares en otros países americanos, europeos o asiáticos, hoy en día aumentan de forma constante los trastornos mentales en los niños. ¿Qué estamos haciendo mal para que los niños tengan más ansiedad y depresión que nunca? 

Por qué aumenta el número de niños con ansiedad y depresión

el problema de la falta de juego libre en los ni ños

Hoy en día, la estimación apunta a que de cinco a ocho veces más estudiantes de secundaria y universitarios cumplen con los síntomas de un diagnóstico de depresión y ansiedad mayor que hace unos años.

Los niños y adolescentes de EEUU no son los únicos, en España, el Cuaderno FAROS publicó que en los niños de 10 a 14 años, la depresión es la 43ª causa de ingreso hospitalario. Otras estadísticas en México, Argentina o Colombia muestran datos similares.

La pregunta que surge automáticamente tras conocer estos datos es.... ¡¿por qué?!

El aumento de trastornos mentales en niños y adolescentes no parece estar asociado con los problemas a los que se enfrenta el mundo: crisis económicas, conflictos, guerras... Aunque parezca difícil de creer, las tasas de ansiedad y depresión en niños fueron más bajas durante la Guerra Fría, la Segunda Guerra Mundial o la Gran Depresión que en la actualidad. 

Si el aumento de la depresión y ansiedad en los niños no está asociada a las circunstancias del mundo actual, volvemos a hacernos la misma pregunta... ¡¿por qué?!

Una de las cosas que los expertos en salud mental conocen sobre la depresión y la ansiedad es que están relacionadas con el sentido del control o de la falta del control que creemos que tenemos sobre nuestras vidas. Es decir, si te levantas a las 6 de la mañana porque tienes que ir a ese trabajo que no te gusta, pero te da una nómina, tienes que ir de vacaciones con tus suegros porque no hay escapatoria, tienes que pintar la casa de azul porque a tu pareja le encanta, etc, etc.... tienes más posibilidades de angustiarte o deprimirte que aquellos que simplemente se creen víctimas de circunstancias que están fuera de su control. 

Sin embargo a los niños solemos gestionarles el tiempo ahora y hace 80 años y no se deprimían tanto, por lo tanto la pregunta sigue en el aire... ¡¿por qué?!

Dejemos de analizar lo que no produce depresión en los niños para entrar de lleno en lo que los expertos apuntan como la causa esencial del aumento de los trastornos mentales en los niños: 

La falta de libertad para jugar y explorar por ellos mismos.

Por qué el declive del juego libre es tan perjudicial para los niños

El juego libre y la exploración, son desde hace cientos de años, el medio de aprendizaje por excelencia y el que más satisfacción proporciona a los niños. Los niños aprenden a resolver sus problemas, a desarrollar intereses propios, a controlar en cierta medida sus vidas, a disfrutar, a ser felices.

El juego libre es aquel que surge de forma espontánea, sin ser dirigido por el adulto. Es el niño el que decide cuando comienza el juego, cuando termina, y cómo y con qué jugar.

En los últimos niños, cada vez más, se priva a los niños de oportunidades de juego libre, el juego que no está bajo la constante y atenta mirada de los padres. El que pueden realizar sin que se ejerza un control absoluto sobre él.

La sobreprotección a la que sometemos a los niños no les permite dar un paso en su momento de ocio sin que les sigamos dirigiendo y controlando. No pueden subir a un tobogán sin que les estemos recordando que se van a caer, no pueden correr muy rápido porque ya les alertamos de que se van a tropezar, y así suma y sigue.

Hoy en día nos parece normal ver en un parque a un niño, ya no tan pequeño seguido a escasos 50 centímetros por su padre o su madre, persiguiéndole por todo el parque, de forma constante, como si fuera su sombra. Ayudándole a subir, a bajar, a relacionarse, promoviendo que haga según que actividades y prohibiéndole otras. 

Al privar a los niños de oportunidades de jugar solos, lejos de la supervisión y el control directos de los adultos, les estamos privando de oportunidades para aprender cómo tomar el control de sus propias vidas.

Podemos pensar que los estamos protegiendo, pero de hecho estamos disminuyendo su felicidad, su diversión,  su sentido de autocontrol, su capacidad de descubrir y explorar, de esforzarse por conseguir. Y con ello, aumentan las probabilidades de que padezcan ansiedad, depresión y otros trastornos mentales asociados a un excesivo control.