Revisiones pediátricas periódicas: una guía para padres

Cómo saber las revisiones de mi hijo

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En este artículo
  1. ¿Por qué son tan importantes?
  2. El calendario de revisiones
  3. ¿Qué se evalúa en cada visita?
  4. ¿Cómo sacarle el máximo partido a la visita?

 Llevar a tu hijo al pediatra no solo es crucial cuando se pone malo; de hecho, cuando está bien es cuando más conviene hacer estas revisiones. A lo largo de este artículo te vamos a contar por qué estas revisiones son tan necesarias, qué se valora en cada una y cómo sacarles el máximo provecho.

Calendario de revisiones infantiles

¿Por qué son tan importantes?

Cuando el niño está sano es exactamente cuando más sentido tiene ir al pediatra. En cada revisión se comprueba que el peso y la talla van bien, se evalúan hitos del desarrollo como el lenguaje o la motricidad, y se repasa el calendario vacunal. También es el momento de hablar de hábitos: cómo duerme, qué come, cuánto tiempo pasa frente a pantallas.

La detección precoz marca la diferencia grandemente. De hecho, muchos problemas tienen una ventana de intervención ideal, e identificarlos a tiempo cambia mucho el pronóstico.

El calendario de revisiones

Durante el primer año de vida, las revisiones son mucho más seguidas porque el bebé cambia a una velocidad increíble y hay que controlar que todo vaya bien en cada etapa. Después, las visitas al pediatra ya no son tan frecuentes, pero siguen siendo igual de importantes. 

Lo habitual es hacer revisiones al nacer, al primer mes y luego a los 2, 4, 6, 9 y 12 meses, además de las de los 15 y 18 meses. A partir de los 2 años, los controles se van espaciando y suelen hacerse a los 3, 4, 6, 8, 10, 12 y 14 años.

Precisamente por eso, tener un buen seguro de salud familiar puede ponértelo mucho más fácil. Te permite acceder a estas revisiones con más comodidad, sin esperas largas y con la tranquilidad de contar siempre con un profesional de confianza cerca.

¿Qué se evalúa en cada visita?

En cada revisión, el pediatra no solo mira cuánto pesa y mide tu hijo, sino que, cuando es pequeño, también controla el tamaño de su cabecita para asegurarse de que todo va bien. A su vez, le escucha el corazón y los pulmones, le palpa la barriguita y revisa que la piel, las articulaciones y el resto del cuerpo estén en buen estado. 

Del mismo modo, también se fija en cómo se mueve, cómo va desarrollando el lenguaje, cómo se relaciona con los demás y cómo avanza a nivel de aprendizaje. Al final, todo eso junto es lo que permite tener una visión completa de su desarrollo.

¿Cómo sacarle el máximo partido a la visita?

Llega con tus dudas anotadas. No importa si te parecen pequeñas: si algo te ha llamado la atención en el comportamiento, el sueño o la alimentación de tu hijo, el pediatra necesita saberlo. Pregunta sin miedo cuánto debe crecer, cómo es el sueño normal para su edad o qué deberías vigilar hasta la próxima cita.

Y si entre revisiones algo no te cuadra (una pérdida de habilidades, ausencia de contacto visual, cambios bruscos de comportamiento), lo mejor es que consultes sin esperar. Tú conoces a tu hijo mejor que nadie, y esa intuición vale mucho.

Como ves, las revisiones pediátricas son una forma de controlar que tu hijo crece bien, adelantarse a posibles problemas y quedarte más tranquilo ante cualquier duda. Por lo tanto, lo mejor es no saltárselas y darles la importancia que realmente tienen.

 

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