Síntomas y tratamiento del tétanos en los niños

Qué hacer si nuestro hijo se infecta con la bacteria del tétanos

Roi Piñeiro PérezPediatra

El tétanos es una enfermedad aguda del sistema nervioso central, secundaria al efecto de una toxina generada por una bacteria llamada Clostridium tetani. Gracias a las vacunas, se trata de una enfermedad prácticamente erradicada en los países del primer mundo, y en aquellos con adecuadas coberturas de vacunación. Además, son necesarias demasiadas coincidencias para que se desarrolle la enfermedad, aunque por desgracia, imposible no es.

Síntomas del tétanos en niños

Cómo saber si el niño tiene tétanos

En caso de que la toxina alcance el tejido nervioso, los principales síntomas serían los siguientes:

- Contracciones musculares dolorosas y generalizadas, que aumentan en frecuencia e intensidad ante cualquier mínimo estímulo externo. Entre las manifestaciones clínicas clásicas, destacan el trismus (espasmo de los músculos de la masticación que impide la apertura de la boca), la posición de opistótonos (en la que el cuerpo queda curvado hacia atrás en forma de C invertida, es decir, literalmente como la niña de El Exorcista cuando baja las escaleras de su casa) y la “risa sardónica” (contracción de los músculos de la cara que imita la risa).

- Estas contracciones dolorosas pueden acompañarse de signos de hiperactividad del sistema nervioso simpático. Es decir, taquicardia, variabilidad de la tensión arterial, sudoración o elevación intensa de la temperatura corporal.

- A pesar de estas manifestaciones neurológicas, el nivel de alerta del paciente suele mantenerse normal, y el niño es consciente de todo lo que le ocurre.

- Igualmente, y a pesar de tratarse de una enfermedad infecciosa, suele cursar sin fiebre.

La mortalidad del tétanos, una vez se han iniciado los síntomas, es elevada a pesar de iniciar el tratamiento, y oscila entre un 20 % y un 70 % de los casos. Cuando la evolución es satisfactoria, tras persistir la sintomatología alrededor de una semana, se inicia una lenta recuperación durante los próximos meses. No hay secuelas, salvo que los espasmos musculares hayan ocasionado una falta de oxigenación al cerebro.

Por tanto, y dado que no se trata de ninguna broma, debemos ser conscientes de que la vacunación evita el desarrollo de esta horrible enfermedad. Quien escribe estas líneas nunca ha tenido que enfrentarse a ella como pediatra, y no es un tema de suerte, es gracias a las vacunas.

Cómo tratar a un niño infectado por tétanos

En caso de desarrollar la enfermedad, el tratamiento se basa fundamentalmente en:

- Limpiar la herida “tetanígena”, para que llegue la mayor cantidad de oxígeno e impida el desarrollo de las bacterias que producen la toxina.

- Administrar antibióticos, para evitar igualmente la proliferación de dichas bacterias.

- Administrar antitoxina, para evitar que llegue al tejido nervioso. El problema es que la toxina que ya ha alcanzado este tejido, no se puede eliminar.

- Ambiente tranquilo y silencioso para evitar estímulos que desencadenen las contracciones musculares.

- Ingreso en una unidad de cuidados intensivos pediátricos, para administrar relajantes y bloqueantes musculares, entre otras medidas de soporte vital.

Por tanto, y si al igual que a mí, esta breve novela de terror les horroriza, estarán de acuerdo conmigo en que la mejor estrategia es la prevención, es decir, estar vacunado y consultar al pediatra en caso de heridas “tetanígenas”, es decir, profundas, graves y sucias o contaminadas.

Y si entre los lectores tengo la suerte de dar con algún “antivacunas”, haga lo que quiera con el resto de las vacunas, pero ponga esta a sus hijos, pues la inmunidad de grupo, el efecto rebaño, en este caso no les va a proteger. Y de las heridas… ¿alguien está a salvo?