Qué son los oligoelementos y qué aportan a los niños

Para qué sirven los oligoelementos en la alimentación infantil

Iván Carabaño AguadoPediatra

Un oligoelemento es un elemento que está presente en el cuerpo humano en pequeñas cantidades (tanto como que representa menos del 0,01% del peso corporal total). Aun así, su papel es muy importante. Cuando hacemos una dieta variada, recibimos del exterior una cantidad suficiente como para garantizar su presencia en el organismo.

De hecho, el déficit de oligoelementos es poco frecuente en los países desarrollados (salvo el déficit de hierro). No obstante, conviene no bajar la guardia en dos circunstancias: dietas poco equilibradas y malabsorción. 

Zinc, magnesio y cobre en la alimentación de los niños

Manos con almendras

- Zinc. Las fuentes principales de Zinc son: carnes rojas, cerdo, cordero, ostras, mariscos, cereales, legumbres, habas y frutos secos. El Zinc es un nutriente del intestino, la piel,  los anejos cutáneos y los ojos. No es de extrañar que su déficit, que aparece en una enfermedad llamada acrodermatitis enteropática, curse con síntomas digestivos (diarrea, dolor abdominal); síntomas cutáneos (pelo rojizo, lesiones en cara, manos, pies y área del pañal); y síntomas oculares (fotofobia, conjuntivitis).  Esta enfermedad puede tener una base hereditaria.

- Cobre. Las principales fuentes de cobre son: cereales, legumbres, cerezas, frutos secos, soja, ostras e hígado. El cobre es necesario para que la piel y sus anejos se desarrollen adecuadamente, así como el sistema nervioso. El déficit de cobre cursa con: pelo frágil, mejillas sonrosadas, hipotonía, hipotermia, retraso mental, neuropatía periférica y alteraciones en la sangre. Puede tener, también, una base genética (síndrome de Menkes).

- Magnesio. El magnesio está presente en frutos secos, cereales y legumbres. Sus funciones principales son: fijar el calcio a los huesos y favorecer los movimientos intestinales. Además, participa en la inducción del sueño y la relajación. Su déficit puede cursar con temblores, convulsiones y estreñimiento grave.

En resumen: el cuerpo humano es un laboratorio complejo, con elementos presentes en muy pequeña cantidad, pero cuya función es destacable. De ahí la importancia de nutrirnos de la forma más variada posible.