Quiero que mí hijo me escuche y me oiga

Son tantas las dudas, los miedos, y las indefiniciones que rodean a la sordera infantil que creo que sólo quién es padre o madre de un niño sordo podría entender lo que digo. Si alguna vez has tenido la oportunidad de ver la película Profesor Hollander, sabrás de lo que hablo. La escena en que la madre se desespera por no conseguir saber lo que quiere su hijo sordo, me encogió el corazón. Quiero oír a mí hijo. Quiero saber qué es lo que quiere, qué es lo piensa, quiero que me escuche, que me oiga, y que sepa cuánto le quiero. La escena me hizo reflexionar sobre cómo será el mundo de un niño sordo.

La Sordera infantil

Lengua de signos entre padre e hijo

Aunque no la podamos ver, la sordera limita, aísla y compromete la comunicación de las personas con su mundo exterior, principalmente cuando se trata de un niño. Un bebé que nace sordo no sabe que es sordo. Le parecerá normal vivir sin sonidos, pero poco a poco necesitará interactuar con los demás, y buscar lazos de amor, amistad, aprecio y consideración.

Es ahí cuando empiezan a vivir problemas como la soledad, el rechazo y la discriminación. En la película, el hijo del dedicado profesor de música de un Instituto es sordo, y la madre sospecha cuando el niño tiene un año de edad, durante un desfile de calle cuyo ruido no afecta de ninguna forma la siesta de su bebé. Pero ¿será fácil sospechar y detectar la sordera de un bebé?

No podemos negar ni rechazar la estimulación auditiva que recibimos continuamente de nuestro entorno. Estamos inmersos en un mundo del habla, de coches que bocinan, de instrumentos que suenan, y de una infinidad de sonidos que nos hace recibir y transmitir emociones. El ruido de las turbinas del avión que acaba que pasar, del teléfono que acaba de sonar, de la lavadora, de una puerta que se cierra, de un canto de pájaro, todo nos comunica y nos indica.

¿Cómo vivir sin estas sensaciones? ¿Cómo será la vida de un niño sordo? ¿Cómo tratarlo y educarlo? Son tantas las preguntas que me surgen… Sé que existen respuestas, diagnósticos, y tratamientos. Y sé también que los padres de niños sordos deben decidir qué comunicación van a tener con ellos. Congénita o adquirida, la sordera tiene remedio. Un niño sordomudo estimulado adecuadamente puede desarrollar un nivel de inteligencia normal que le posibilite llevar una vida normal, ser autónomo, y estudiar lo que desee.

Es necesario establecer una forma de lenguaje, de comunicación, a través de señas, gestos y otras técnicas (audífonos, implantes). Por ello, un diagnóstico precoz es de lo más recomendable. No hay duda de que la deficiencia auditiva cambia la vida familiar. No todo es perfecto en esta vida, pero tampoco definitivo. Todo es posible cuando se tiene paciencia, constancia, y actitud positiva. Que te lo diga el profesor Hollander.

Vilma Medina. Editora de GuiaInfantil.com