El gran reto de enseñar el valor de la puntualidad a los adolescentes

Las claves, paso a paso, para que los adolescentes aprendan a ser más puntuales

Jorge Marín Labbe
Jorge Marín Labbe Formador Educacional

Si hay un tema recurrente en la infancia y, sobre todo, en la adolescencia es el supuesto valor que le damos al tiempo o a la puntualidad. La capacidad de llegar a los sitios a nuestra hora es un factor que nos muestra responsables frente a los demás, porque evidenciamos respeto por el otro y responsabilidad frente a nuestros actos. Sin embargo, el adolescente tiende a desconocer ese sentido. ¿Por qué enseñar el valor de la puntualidad a los adolescentes es un reto tan complicado? ¿Qué lo mueve a no ser puntual cuando puede ser un elemento significativo frente a los demás? Son justamente esas preguntas las que quiero responder y ofrecer algunos consejos prácticos.

El valor de la puntualidad y los adolescentes

El valor de la puntualidad es un reto para los adolescentes

'Agitado, corriendo y con el alma en el cuello. La traspiración corre y el viento ni alcanza a llenar mis pulmones. Las manos traspiradas y me imagino mil quinientos escenarios que me predicen lo que va a suceder. Sigo corriendo y siento que no voy a llegar. No alcancé nuevamente. Llegue atrasado.'

Este es un relato de un joven que atendí hace un tiempo atrás. Le pedí que me expresara qué sentía cuando llegaba atrasado. El joven, cuyo nombre obviamente me lo guardo, estaba amenazado con una condicionalidad porque presentaba el récord de llegar 37 veces atrasado a la jornada escolar. Recuerdo no una, sino cinco reuniones con los padres para tratar de averiguar soluciones y estrategias. Puedo decir, que pese a lo extenso de esos encuentros, con el tiempo logramos encontrar algunas herramientas que terminaron siendo efectivas y, además, formativas.

El adolescente, por lo general, tiene un torbellino dentro de su propio mundo. Esta tormenta le significa estar ensimismado y encerrado en su propio universo. Es justamente esta construcción una de las vías que podemos trabajar para revalorar la puntualidad y los beneficios que se pueden alcanzar.

¿Qué quiero decir con esto? Lo que quiero proponer es no a presentar a ser puntual por sí mismo como valor, sino a verlo como vía de autoconocimiento. Valorar ser responsable y entregar una prueba o llegar a tiempo a un lugar sería, entonces, un resultado propio de su propio entendimiento como persona. Vamos desmenuzando este aspecto.

Claves para enseñar a los jóvenes a ser puntuales

Enseñar a tu hijo adolescente a ser puntual

Uno de los factores de los atrasos de los adolescentes se debe a que uno se queda enfocado en otra tarea y no se da cuenta de que el tiempo pasa. ¿Por qué sucede eso? Porque le estamos dando más importancia a esa tarea presente, en lugar de aquella del futuro, es decir, mi valoración está enfocada a esa tarea del ahora. Por el otro lado, también sucede que no sabemos calcular efectivamente cuánto tiempo nos consume un asunto previo a la reunión o compromiso pactado. Y cuando eso ocurre, justamente terminamos realizando acciones más apresuradas porque no alcanzamos ni uno u otro objetivo.

Tanto este escenario como el anteriormente señalado tienen un aspecto en común: mi sentido de valor dentro de mis actividades. Me explico, yo me demoro en algo porque para mí es importante y requiere toda la dedicación, y por lo mismo, suelo perderme en el tiempo porque es una actividad que requiere toda mi atención. O por el otro lado, como estoy dentro de un proceso de construcción de identidad, me puede constar tiempo y trabajo averiguar cuánto tiempo efectivamente necesito para realizar mis tareas.

Por lo tanto, para lograr la puntualidad, me gustaría que trabajaremos los siguientes aspectos para conocerse y saber valorar nuestros propios tiempos:

1. Antes de destinar un tiempo, sería interesante describir cómo sería una rutina diaria ideal para el adolescente. El objeto es que sea él mismo quien logre organizar sus tareas diarias.

2. Luego de ese ejercicio, analizar –con él como protagonista- cuánto tiempo efectivamente le toma dichas acciones dentro de su rutina preestablecida por él mismo. Es interesante observar cómo el propio adolescente se irá dando cuenta de que una tarea necesita quince minutos y otras treinta y cinco.

3. Posteriormente a este análisis, el objetivo será describir con tiempo cada una de las rutinas. Lo interesante de este ejercicio es que va sintiéndose parte de su propio desarrollo y no siguiendo una pauta impuesta por un adulto. Aquello le da mayor autonomía y, además, independencia.

4. Es importante ir evaluando si los tiempos y rutina le entregan sentido. Por lo mismo, revisar si logra cumplir los plazos o si se siente atrapado por su propio sistema son elementos necesarios para descubrir si este propio horario funciona.

5. Y después de esta evaluación, proyectar esta misma rutina para otros objetivos que pretendemos alcanzar. Llámese sistema de estudio, planificación de un viaje o de lo que sea.

Como ven, la valorización de la puntualidad parte de que el joven resignifique por él mismo a esa misma acción. Para que sea posible aquello, debemos impedir que lo propongamos bajo nuestra propia mirada, sino ofrecerle un camino propio y con su metodología personal. Eso no quita el acompañamiento y la asesoría de los padres, pero debemos asegurar que sea él mismo el que tenga el rol más importante dentro de dicha acción.