Guía para padres sobre los cambios emocionales en la preadolescencia
¿Qué cambios de producen en el niño preadolescente, es decir, entre los 9 y 13 años de edad?
- A qué edad empieza la preadolescencia - Los cambios a los 11 años
- 4 grandes cambios emocionales que indican el inicio de la preadolescencia
- ¿Cómo pueden los padres acompañar a sus hijos en este proceso?
La preadolescencia, ese estado vital entre la niñez y la adolescencia, marca el comienzo de una nueva etapa de construcción de la identidad de nuestros niños. En esta construcción de su YO, intervienen cambios corporales, conductuales y emocionales. De estos cambios emocionales es de lo que queremos hablar, orientado a los papás de niños adolescentes a través de esta guía para padres sobre los cambios emocionales en la preadolescencia.
A qué edad empieza la preadolescencia - Los cambios a los 11 años

La preadolescencia es una etapa de transición en la que los niños empiezan a dejar atrás las conductas infantiles, pero todavía no tienen la madurez emocional de un adolescente. Por eso pueden mostrarse sensibles, cambiantes o inseguros, incluso ante situaciones que no les afectaban tanto. Cada niño tiene su propia maduración y cada uno llegará antes o después a esta etapa.
En líneas generales podemos situar la preadolescencia entre los 11 y 13 años. Hay quien lo sitúan incluso un poco antes entre los 9 y los 10. Pero es más o menos en el momento en el que los cambios físicos producto de la maduración biológica empiezan a cambiar el cuerpo de los hijos cuando comienzan también los cambios emocionales y conductuales de esta fase.
En los niños de 10 a 12 años estos cambios pueden hacerse más visibles, ya que un día parecen pequeños y necesitan mucho afecto, y al siguiente reclaman independencia y privacidad. Esta mezcla desconcierta a los padres, pero forma parte del proceso de crecimiento. Primero debemos diferenciar pubertad y preadolescencia para poder comprender a nuestros hijos.
La pubertad se refiere a los cambios físicos y hormonales que preparan el cuerpo para la madurez sexual y la preadolescencia incluye cambios emocionales, sociales y de comportamiento relacionados con la construcción de la identidad. La pubertad puede intensificar las emociones por efecto de las hormonas, mientras que la preadolescencia se nota en la necesidad de autonomía.
4 grandes cambios emocionales que indican el inicio de la preadolescencia

Los cambios en esta etapa son muchos y muy variados. Cada niño los experimentará con más o menos intensidad, pero en prácticamente todos ellos podremos ver algunos característicos como cambios de humor, mayor sensibilidad, necesidad de intimidad, miedo al ridículo, discusiones más frecuentes, inseguridad y momentos de tristeza o euforia sin causa. Además:
1. Aparecen nuevos miedos
Como el miedo a hacer el ridículo o el aumento de su sentido del pudor y la vergüenza ante su propio cuerpo. En este momento pueden empezar a surgir conflictos relacionados con su imagen corporal con los que tendremos que ir con mucho tacto a la hora de abordarlos. Los padres debemos transmitir una serie de hábitos que ayuden y empoderen a nuestros preadolescentes.
2. Necesidad de mayor intimidad
Los niños se van alejando de nosotros, observamos cómo pasan más tiempo en sus cuartos escuchando música o leyendo. En realidad este comportamiento no nos debería preocupar en exceso puesto que es lo que deben hacer en este momento para construir su propia identidad, siempre y cuando nuestros lazos afectivos y comunicativos no se rompan.
3. Tratan como sea de agradar a sus amigos
Su grupo de iguales empieza a ser su centro de referencia para construir sus pensamientos, adoptan actitudes, jergas propias del grupo y muy diferenciadas de los padres. La opinión de los amigos cobra mucho peso, y por eso pueden sentirse heridos si se sienten excluidos o criticados. Los padres pueden ayudar escuchando sin juzgar y mostrando interés por sus amistades.
4. Fluctuación en los estados de ánimo
La labilidad emocional es la fluctuación de un estado de alegría a uno de profunda tristeza que también caracteriza esta etapa. Para los niños que están en esta fase todo es o extremadamente ideal o justo lo contrario. Se trata de un periodo lleno de ilusiones, de llantos, de discusión interna, un tiempo de grandes cambios que, como padres, debemos saber asimilar y gestionar.
¿Cómo pueden los padres acompañar a sus hijos en este proceso?

Los niños cuando se acercan a esta etapa, no siempre saben explicar lo que sienten, y por eso responden con enfado, silencio o llanto. En lugar de minimizar sus emociones hay que ayudarles a ponerles nombre y para ello, los padres necesitan paciencia, escucha y límites claros. Criar a un preadolescente no es permitirlo todo, sino saber que está aprendiendo a manejar emociones nuevas.
Ayuda mantener rutinas, validar lo que siente, enseñar formas de expresar el enfado y recordarles que seguimos ahí aunque no nos lo pidan. También hay que buscar momentos tranquilos para conversar, pero sin forzar interrogatorios, ya que los preadolescentes hablan más en el coche, antes de dormir o durante una actividad compartida que sentados frente a frente.
Lo importante es que sepan que pueden acudir a sus padres sin miedo a ser juzgados por lo que sienten. Todos estos cambios y muchos otros pueden provocar fricciones y acabar en conflictos entre padres e hijos. Es especialmente importante que seamos conscientes que para ellos tampoco es fácil asumir todas estas transformaciones y que el paso de niño a adulto precisa de apoyo.
Por todo esto, la preadolescencia puede ser una etapa realmente desafiante, pero también es una gran oportunidad para fortalecer el vínculo familiar con los hijos que están en proceso de convertirse en adultos. Si los padres acompañan con cariño, mucho respeto y firmeza, los hijos aprenden poco a poco a conocerse a así mismos, regular sus emociones y ganar seguridad y confianza.
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Bibliografía
- Pineda Pérez, S., Aliño Santiago, M. (1999) Manual de Prácticas Clínicas para la atención integral a la salud en la adolescencia. Capítulo I. El concepto de adolescencia. Ministerio de Salud Pública (ed.) Cuba, pp. 15-23 Disponible en: https://ccp.ucr.ac.cr/bvp/pdf/adolescencia/Capitulo%20I.pdf