Los dientes de los niños: ¡Un cepillado perfecto!

"Mamá, adivina: ¿Qué es lo que le regalan dos veces a las personas y la tercera tienen que comprarlos?" "No sé", le respondí y pensé que a la altura de sus 10 años ya eran muchas sus adivinanzas que me dejaban sin respuesta. "Ja, ja,... ¡Los dientes! Primero te los regalan de leche, luego de hueso y después..., compras los postizos", me contestó mi hija, riéndose.

"Me ganaste una vez más, lo reconozco, pero no siempre hay que llegar a perder los de hueso", y aproveché el ingenioso chiste de mi hija para explicarle, una vez más, la necesidad de cepillarse los dientes. Sucede que de este hábito depende la salud bucal, concepto que trasciende la belleza de una sonrisa para convertirse en diapasón de nuestras cuerdas vocales, y en el escenario del primero de los momentos de la digestión, la masticación.

El cepillado dental debe ser un hábito para los niños

Un cepillado perfecto, higiene dental

Además, recientes investigaciones aseguran que las mismas bacterias causantes de las caries dentales, ocasionan también ciertos tipos de infecciones cardíacas. Esto, sin hablar ya, del mal aliento que produce una muela enferma o lo insufrible de un dolor de muelas en medio de la noche.

El cepillado es un hábito que se debe conquistar con disciplina y constancia, primero de los padres y luego de los pequeños. Desde que brotan los primeros dientes en los bebés, debemos cuidarlos con esmero. No se trata de cepillarlos, por supuesto, pero sí limpiarlos delicadamente con una gasa aséptica. Luego, según van creciendo, debemos presentarle a esta trilogía que integran el jabón, el cepillo y la pasta dental -sobre todo la enriquecida con flúor, protector por excelencia de los dientes- como aliados de la belleza y la salud.

El cepillado debe realizarse después de cada comida y antes de dormir. Lo primero es enjuagar la boca, humedecer el cepillo y echarle la pasta. Luego se cepillan las muelas, primero las superiores y luego las inferiores, desplazando el cepillo desde atrás hacia delante y desde la encía hacia fuera con movimientos que deben repetirse entre siete y diez veces en cada una de las caras exteriores e interiores de las muelas.

El mismo procedimiento debe seguirse con los dientes. Casi todos los estomatólogos consultados coinciden en que es muy importante seleccionar el cepillo de dientes adecuado, pues aunque existe una amplia variedad en el mercado, algunos más atractivos que otros, el detalle verdaderamente esencial es que sus cerdas sean rectas, abundantes y de mediana consistencia. Las blandas no arrastran toda la placa dentobacteriana y las duras podrían lastimar las encías, mucosas particularmente sensibles. Una vez concluida esta fase, se deben cepillar las superficies masticatorias de los molares (muelas) y luego enjuagar con abundante agua potable. Si es preciso, se recomienda emplear el hilo dental para retirar los restos de alimentos que podrían quedar atrapados entre una pieza y otra.

Rosa Mañas. GuiaInfantil.com