La lactancia materna en el corazón de África

Lupe BarbosaDoula y profesora de Educación Física

La lactancia materna en el corazón de África es muy distinta a lo que conocemos las mujeres occidentales. La alimentación del bebé justo después del nacimiento es muy importante para su supervivencia. La madre naturaleza ha previsto este hecho y dotado a todas las mujeres de una primera leche muy concentrada, llena de nutrientes y anticuerpos, de color amarillento, más líquida y, a su vez, también más digestiva para el inmaduro estómago del bebé. 

Las mujeres de Senegal desechan el calostro

Lactancia materna en el corazón de África

Esta leche, que es oro líquido para el bebé, es el calostro. Una leche riquísima y que, sin embargo, es despreciada por las madres en Senegal. De manera que, por cultura y tradición, las madres senegalesas no suelen ofrecer su calostro a su bebé recién nacido y, durante este momento, es alimentado por otra mujer de la comunidad hasta que a la madre se le pasa esa fase. El maravilloso calostro es desechado cuando los bebés más lo necesitan.

El amamantamiento de los niños en Senegal suele durar un par de años, en parte por las dificultades de encontrar otro tipo de leche para los niños, aunque suelen combinar la lactancia materna con comida sólida como mijo, arroz o sorgo condimentada con hierbas.

Me hacía gracia contemplar a los pequeños mamando tan tranquilamente, tirando de los elásticos pezones de sus madres, mientras ellas reían tímidas cuando pasaba a su lado con mi cámara de fotos. Entonces agarraban mi brazo y, en actitud de pose, me instaban a retratarlas. 

Una vez disparaba con mi cámara, estas mujeres presurosas me rodeaban para ver el resulado de la fotografía, entonces se empujaban y bromeaban entre ellas como colegialas, escondiendo su risa tras la tela de su vestido. ¡Qué imagen tan tierna!... y,  cuando el hielo se rompía, me tocaban, me rodeaban y, en menos de nada, nos estábamos abrazando y retratando como quinceañeras en un día de fiesta.

Mientras tanto, sus pequeños con los rostros cubiertos de mocos, me miraban con ojos desorbitados, balanceando la cabeza de lado a lado al compás del movimiento corporal de sus madres, que lucían alegres su pecho descubierto.

Los lactantes lucen curiosos gorritos tejidos a cochet calado con divertidas cuentas de colores, pulseras y collares que ciñen a sus cuerpecitos cubiertos con vistosas telas. Una explosión de color que realza en su oscura tez.

Una doula en Senegal, el fin de la aventura

Como doula, en mi vida ha habido un antes y un después tras mi viaje a Senegal, y allí quedó un pedazo de mi corazón, con Adama, Uma, Sokoná, Ulimata, Artasaa, Liorka, y el resto de mujeres que compartaieron su corazón conmmigo, y los hombres que nos ayudaron en todo, Denwa, Yoro, Siegh, Shefa... 

Allí quedan las tardes en las que trataba de enseñar las letras y los números a mujeres con ganas de aprender, para dejar el analfabetismo atrás. Yo aprendí frases en su idioma y ellas en el mío. Hasta pronto Senegal, gracias por volver a sentir el compañerismo, la inocencia, la risa sincera....