Soluciones para niños que comen peor cuando hace calor

Los niños pierden el apetito en verano

Carlota Reviriego
Carlota Reviriego Nutricionista

Existe un motivo científico detrás de la inapetencia de los niños en el verano. Cuando el calor aprieta, los niños queman menos calorías, ya que no necesitan esa energía extra para mantener su temperatura corporal. Esto, evidentemente, se traduce en una necesidad calórica más baja, lo que los papás vemos como una señal de alarma: tiene menos hambre y come menos. Qué podemos hacer si los niños comen peor cuando hace calor. 

Niños que comen peor cuando hace calor, ¿qué hacer?

Falta de apetito cuando hace calor

No conviene alarmarse si el niño se encuentra activo y sano, alegre y con ganas de jugar, ya que es completamente normal, pero si nos preocupa en demasía, podemos consultar al pediatra para que nos confirme si todo está en orden.

  • Asegúrate que el niño está bien hidratado. Cuando las temperaturas son elevadas, es conveniente que siempre llevemos una botella de agua y ofrezcamos con frecuencia a los más pequeños, ya que los niños no suelen ser conscientes de que tienen sed hasta que es muy inminente.
  • Ayúdate de bebidas que alimenten. El agua es una bebida no calórica, pero hay otras opciones muy interesantes que pueden sustituir fácilmente un desayuno o una merienda. Los batidos de frutas o los smoothies combinan un buen aporte calórico con un aporte de micronutrientes ideal para los niños. El calcio, la vitamina D y el aporte de agua que contiene la leche, así como la fibra y otras vitaminas y minerales presentes en la fruta, hacen de estas bebidas un alimento muy completo.
  • Escoge platos fríos. Los arroces o las pastas, si se toman en frío, suelen ser más apetecibles en el verano. Estos carbohidratos, si son integrales, son aún mejores, ya que aportan fibra además de los otros nutrientes. Además, ofrecer hidratos de carbono como plato único es ideal en la infancia, ya que los niños normalmente se cansan y necesitan levantarse de la mesa y con un plato de arroz, pasta o patatas, si escogemos acompañarlo de algún componente proteico, como pollo, huevo o atún, conseguimos aportar energía para que el niño continúe con su actividad diaria.
  • Lleva siempre a mano un snack saludable. En el verano las rutinas se relajan, y a menudo nos encontramos con que el niño tiene hambre y estamos fuera de casa. Es fácil que, si se compra al niño un snack en la calle, este sea poco saludable, y el niño se habitúe y lo pida siempre que estemos en la calle. Los frutos secos y las semillas son los aperitivos más fáciles de llevar en el bolso, y su aporte energético, así como de nutrientes esenciales es muy interesante en la infancia.