Sentimientos que los abuelos despiertan en sus nietos

Debemos ofrecer una imagen real de la vida a los niños. Se nace, se vive y se muere, y en el vivir hay etapas más floridas y plenas, y etapas de enfermedad, vejez y limitaciones físicas, que también deben conocer nuestros hijos, aunque con la suficiente delicadeza como para no causarles miedo ni rechazo.

Relación entre nietos y abuelos

Abuelo con nieto

Paulino Castells, autor de la novela 'Queridos abuelos' habla en su libro de cómo lamentablemente evitamos que nuestros hijos no tengan ningún acercamiento al dolor, al sufrimiento y a la muerte. Evitamos, incluso, que nuestros hijos tengan relación con sus abuelos cuando éstos sufren enfermedades visibles y dolorosas; procuramos, en aras de que no sufran ni queden traumatizados, evitarles escenas de dolor y muerte. Pero, según este autor los adultos debemos permitir a los niños que entren en un cementerio, acompañen en sus últimos momentos a sus seres queridos y asistan a su entierro.

Los abuelos ocupan un puesto de honor en muchas familias, ayudan en todo lo que pueden, enriquecen la existencia de sus hijos y nietos, pese a su ancianidad o cansancio nunca utilizan un 'no' para evadirse, así que, de alguna manera, nosotros les debemos reciprocidad cuando nos necesitan, debemos saber acompañarles en los momentos de dolor, tenderles nuestra mano en sus limitaciones físicas y en el lecho de muerte, darles todo nuestro amor y permitir que nuestros hijos puedan despedirse de ellos y prepararse para el desenlace.

Mis hijos no conocen a este tipo de abuelos en plenas facultades físicas, que cuidan a sus nietos y comparten juegos, salidas y cosas con ellos. Para ellos, sus abuelitos son personas arrugaditas y calmosas a las que hay que cuidar y visitar, pero aunque aparentemente no pueden disfrutar de ellos físicamente, están encantados con la idea de visitarles, preguntarles cosas raras o contemplar admirados aquella cicatriz gigante que el abuelo tiene en un costado. Estos afectos y sentimientos que se despiertan en nuestros hijos también son importantes para ellos. La muerte y el dolor forman inevitable de la vida, y no son momentos para que los abuelos los vivan en soledad, sino arropados de sus seres queridos.

Enseñar a nuestros hijos estos aspectos menos amables de la vida, les enriquecerá en sus emociones, aprenderán a ponerse en la piel del débil, a servir y ayudar a los demás, a actuar con calma, a amar desinteresadamente. Como dice la famosa oración de San Francisco: 'Es dando que se recibe'.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com