Claves para comunicarte con tu bebé

Te contamos las vías de comunicación que puedes crear con tu bebé

Marisol Nuevo

Tu bebé es capaz de comunicarse contigo, aunque todavía no sepa hablar. Saber interpretar lo que dice y animarle con sus primeras palabras es importante para su desarrollo del lenguaje. Al principio, las caricias, la intensidad y melodía de la voz, las diferentes formas de mirar de mamá, serán las señales que guíen a tu bebé en sus interacciones y primeros contactos con el mundo.

Cómo interpretar qué dice tu bebé

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La mirada, las vocalizaciones, la expresividad de su rostro, el movimiento de sus bracitos y piernas, son algunos de los recursos comunicativos del bebé, que se irán haciendo más complejos gracias a la maduración de su sistema nervioso y a los intercambios con sus padres.

El llanto será una de las primeras manifestaciones de que el bebé está incómodo. Tu pericia e intuición a la hora de interpretar estos gestos y sonidos adecuadamente serán esenciales para establecer una buena comunicación entre vosotros.

Cómo comunicarse con el bebé

El éxito o el fracaso de los primeros intercambios comunicativos, así como la facilidad o la dificultad para establecerlos va a depender de las características de los interlocutores, de su carácter y de su actitud frente al acto de comunicar. Los niños pueden ser:

1. Activos
Son niños capaces de iniciar una interacción y de responder a todos los intentos comunicativos de los adultos. Así, vemos a bebés sonriendo para provocar la sonrisa de la madre y que mueven los bracitos cuando ella le devuelve la sonrisa. Con ellos, es fácil interactuar y alentar sus progresos.

2. Tímidos o reacios
Estos niños no inician la comunicación, pero pueden responder a nuestros intentos. Tendremos que esforzarnos más con ellos.

3. Pasivos
Son los que no inician ni responden a los intentos comunicativos de los adultos. Van a su 'propio aire'  y cuesta introducirnos en su juego. Con este tipo de niños resulta más difícil mantener el interés de comunicarnos, pero son los más necesitan de nuestro aliento y nuestro deseo de conectar.

Partir del interés del niño y dejar que él lidere el espacio lúdico significa contar desde un principio con su atención y su participación. Para que la comunicación fluya, ten en cuenta estas recomendaciones:

1. Exceso de control
Cuando elegimos siempre el juego o dirigimos la actividad de los niños, cuando les examinamos constantemente con miles de preguntas sin dar casi tiempo a que nos respondan o cuando ayudamos a los niños sin dejarles desplegar sus habilidades (aunque se equivoquen al principio y un rato después también), las interacciones comunicativas se ven menguadas.

2. Escasa participación
Cuando los adultos nos divertimos solos con el juego sin contar con el niño, cuando no esperamos y no seguimos su interés, seguramente, el niño se desconectará y rechazará la participación del adulto.

3. Poca paciencia
Cuando en los turnos de diálogo no esperamos lo suficiente la respuesta del niño y continuamos con lo nuestro, cerramos la puerta al diálogo. Los adultos debemos esperar expectantes esa intervención (una mirada, un gesto, una sonrisa) para mostrar nuestro interés y después ofrecer una respuesta.

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