Alimentos enriquecidos para niños: sí o no

Diferencia entre alimentos fortificados y enriquecidos

El creciente número de alimentos fortificados al alcance de la mano en los estantes del supermercado da pie a su consumo con total normalidad, como si fuesen más necesarios o mejores que sus homólogos sin fortificar. 

Pero, ¿es saludable que los niños tomen estos alimentos enriquecidos? En Guiainfantil.com te lo aclaramos.

¿Deben los niños tomar alimentos enriquecidos?

Alimentos enriquecidos o fortalecidos

Se puede diferenciar de dos maneras:

- alimentos fortificados: aquellos que llevan micronutrientes añadidos que no se encuentran en el alimento de manera natural

- alimentos enriquecidos: a los que se les añade algún micronutriente que previamente contenían, pero que se perdieron durante el procesado, para restablecer sus valores originales o aumentarlos ligeramente.

Fortificado es el zumo al que se le añade calcio, mientras que enriquecida es la leche a la que se le añade ese mismo mineral, porque ya estaba presente antes de pasteurizarla o esterilizarla.

Existen 3 posibles vías para obtener vitaminas y minerales:

- La dieta.

- El consumo de alimentos fortificados.

- Los suplementos o complejos vitamínicos.

Asumimos que en cuestión de vitaminas y minerales, cuanto más se consuma mejor, pero lo cierto es que, al igual que la deficiencia en ciertas vitaminas y/o minerales tiene consecuencias para la salud, el exceso en su consumo también puede tener resultados perjudiciales. Sin embargo, la línea entre lo que es beneficioso y lo que puede ser o es potencialmente tóxico, es tremendamente fina y difícil de ubicar, por lo que no conviene excederse. De hecho, en condiciones normales, consumiendo una dieta libre de alimentos fortificados, el consumo excesivo de micronutrientes es prácticamente imposible.

Por otra parte, las cantidades diarias recomendadas establecidas por la OMS son para adultos, mientras que, para niños, estas cantidades son indudablemente inferiores, especialmente para niños menores de 8 años, pero no están establecidas con exactitud. 

En general, cualquier micronutriente que se acumule en el cuerpo puede ser potencialmente peligroso, y en cuanto a su solubilidad, el exceso de liposolubles puede afectar al hígado mientras que el de hidrosolubles y minerales más pesados, a los riñones. Concretamente, el zinc, la niacina y la vitamina A son algunos de los micronutrientes que, si se consumen en exceso, pueden causar problemas, especialmente en el hígado. Además, la vitamina A en particular es altamente tóxica para los huesos y la piel. En el caso de la vitamina D, su peligro radica en que su exceso conduce a una excesiva acumulación de calcio en la sangre, sobrecargando en exceso los riñones. 

Lo cierto es que, en origen, los alimentos fortificados o enriquecidos se crearon para solventar un problema, como era la deficiencia de algunos micronutrientes en ciertos grupos de población, pero, en el proceso, se ha creado otro problema.  Aunque no hay evidencia suficiente que asegure qué cantidad exacta es la causante de los problemas de salud en la infancia, no conviene abusar de alimentos fortificados que contengan por encima del 20% de la cantidad diaria recomendada para un adulto. En cuestión de micronutrientes, no es lo mejor consumir en cantidad, sino que la cantidad sea la apropiada.