El peligro de los peluches para los bebés y los niños

Tener peluches en la habitación de los niños puede resultar peligroso para su salud

Patricia Fernández
Patricia Fernández Redactora en Guiainfantil.com

A mis hijas desde siempre le han apasionado los muñecos de peluche.

Pero, tras esos ojos dulces y ese pelo increíblemente suave se esconden peligros que van más allá de lo que yo hubiera imaginado.

Si acabas de tener un bebé y te han regalado el típico peluche, piénsalo dos veces antes de meterlo en la cuna con tu hijo. Te contamos por qué los peluches tienen peligro para los bebés y los niños.

Las razones por las que los peluches son peligrosos para los bebés

El peligro de los peluches para los bebés y los niños

No es que los ojos dulzones de la gatita Frida o la suavidad inigualable del pelo de la tigresa de la India que vive en la habitación de mis hijas no me produzca ternura; sino que yo, al igual que los X-Men, he desarrollado junto con la maternidad, una visión de ultrarayos que adivina cada ácaro que se esconde agazapado entre el pelaje de esa selva peluda en la que se han convertido las camas de mis hijas.

Durante 8 años me he visto obligada a asistir a un crecimiento incontrolable de la prole peluchil, al estilo de los conejillo de Indias, y como las sábanas han sido desterradas para siempre a los pies de la cama por esos nuevos habitantes.

El caso es que hace poco, y de pronto, una de mis hijas comenzó a tener unos terribles picores por todo el cuerpo, le salieron ronchones rojos y padecía un eterno moqueo que yo achacaba al frío de la época. Sin embargo, el moqueo no cesaba nunca y los ronchones tampoco, así que acudí al pediatra, quien tras unas sencillas preguntas corroboró lo que yo ya pensaba: la culpable absoluta era “Monita”, una adorable y tierna mona de pelo largo que llevaba acampada en la almohada de mi hija un par de semanas. Los ácaros de la mona habían decidido reivindicar su anodina presencia y mi hija había desarrollado una alergia por todo el cuerpo a sus nuevos amigos.

Entonces fue cuando el pediatra me habló de los peligros escondidos de aquellos tiernos seres de peluche, y yo me acordé de aquellos Gremlins ochenteros que se convertían en demonios cuando comían después de media noche.

Así es amigos. No os dejes amilanar por esas adorables caritas de inocentes cachorros, los peluches suponen un auténtico peligro para los bebés y los niños.

Os paso a listar los problemas que producen:

1- En el caso de los bebés, si los colocas en la cuna pueden asfixiar al bebé, ya que muchas veces ponen su carita sobre ellos y todavía no tienen los reflejos necesarios para controlar su cuerpo y terminan ahogándose. Los bebés deben acostarse en la cuna con tan solo la sábana bajera, y mejor si llevan un pijama abrigadito para evitar tener que ponerles mantas, sábanas o edredones con los que pueden enredarse alrededor del cuello.

2- Cuando el bebé empieza a agarrar cosas, es muy probable que quiera chuparle esos brillantes ojos, o la nariz, o algún cordón suelto, con lo que si esos peluches no tienen bien cosidos o pegados las piezas pueden acabar en la garganta del bebé. Si quieres que el niño  tenga un muñeco a su lado, mejor si los ojos están bordados en la tela.  

3- Además de ácaros y muchísimo polvo, los peluches también son el refugio de infinidad de bacterias que se pasean por el aire a sus anchas, con lo que cuando el bebé chupe el muñeco esas bacterias terminarán en su cuerpo y le provocarán enfermedades.

4- Y, por si esto fuera poco, también pueden provocar, como fue mi caso, alergias, asma e irritaciones de la piel.

Si tus hijos son de esos que aman los peluches y prefieren estar moqueando el resto de su vida que expatriarlos a otra casa, te recomiendo que los laves muy a menudo aunque pierdan su esponjosidad. Procura que no tengan pelo, y mejor si están elaborados con telas de algodón, que provocan menos alergias, e intenta que duerman en un baúl cerrado donde no cojan polvo y sácalos solo cuando vaya a jugar con ellos.

A riesgo de perder popularidad con tu hijo por parecer elitista, yo limitaría la entrada a ciertos invitados, a modo de portero de discoteca, y solo dejaría entrar a los más limpios y aseados.