Cómo saber si el niño sufre pérdida de calcio en la orina

La dieta saludable y el ejercicio son claves para prevenir esta enfermedad renal infantil

Iván Carabaño Aguado

La formación de la orina es una estrategia muy complicada, pero tan necesaria como comer o respirar. Al ser un proceso lleno de fases y etapas, pueden surgir problemas muy variados. En esta ocasión, desde Guiainfantil.com vamos a hablar sobre un tema que, a buen seguro, has escuchado en alguna ocasión: pérdida de calcio en la orina en niños, una patología que puede llegar a afectar a 5 de cada 100 niños.

Situaciones que alertan de una perdida de calcio en la orina en niños
Perdida de calcio en la orina de los niños, una enfermedad renal

La pérdida de calcio en la orina puede ser algo hereditario, aunque no siempre es así. La manera más fácil de controlarlo es a través de una dieta cuidada en la que se incluya mucha agua, más frutas y abundante pescado azul y en la que, por contra, se limite la sal, los precocinados, los lácteos y la teína. También es muy importante la realización de ejercicio físico.

Si estas medidas no funcionan, entonces se establecerá un tratamiento por parte del pediatra o del nefrólogo. Pero, ¿cómo saber si el niño sufre pérdida de calcio en la orina? Si tienes dudas, toma nota de estas 6 señales que pueden advertir de esta patología. 

1. Piedras en el riñón
Las piedras -los médicos nos referimos a ellas como litiasis renal o cálculos urinarios- pueden generar, en su movimiento por la vía urinaria, pequeñas heridas superficiales que tienden a sangrar. Por eso, los padres advierten la emisión de orinas con sangre. Además de este hecho, la vía urinaria obstruida por la piedra se distiende, y este hecho genera dolor, irritabilidad y vómitos.

2. Volumen de orina aumentado
Otro síntoma que hace que los padres se empiecen a preocupar es las veces que el niño va al baño y las grandes cantidades de orina que emite. 

3. Predisposición las infecciones de orina
El calcio aumentado en orina puede agregarse y formar precipitados, a los que se anclan con cierta facilidad algunas bacterias. Secundariamente a la infección, la vía urinaria se puede inflamar, con lo cual aparece escozor, micciones frecuentes o dolor en la parte baja del abdomen, entre otras molestias. 

4. Mineralización insuficiente de los huesos
Al estar aumentadas las pérdidas de calcio en la orina, para mantener la homeostasis, el cuerpo recurre a utilizar el calcio presente en los huesos. Y al acabarse el calcio de los huesos, estos se muestran especialmente frágiles y vulnerables.

5. Dolor óseo nocturno importante
Fíjate qué curioso, al perder el hueso la capa mineral, el organismo reacciona y hacer crecer la matriz del hueso (su parte no mineral). Este crecimiento ocurre, sobre todo, por la noche.

6. Insomnio
En ocasiones, aunque no siempre, a estos niños les cuesta conciliar el sueño. Muchas veces debido, sobre todo, a las molestias que arriba hemos comentado. 

Principales causas de pérdida urinaria aumentada de calcio

Tu pediatra de cabecera te pedirá una serie de pruebas. En concreto, un análisis de sangre (hemograma, bioquímica, iones, gasometría) y un análisis de orina (donde se evaluará, además, del análisis elemental, la cantidad de calcio, ácido úrico, iones y creatinina). Si advierte alteraciones importantes, derivará a tu hijo a la consulta de un nefrólogo infantil.

El nefrólogo infantil pondrá el nombre y apellidos de la causa exacta de lo que le ocurre a tu hijo. Resumiendo al máximo, podemos agrupar las causas en:

- Cuando no hay hipercalcemia (altos niveles de calcio), se ha de sospechar la existencia de problemas en el túbulo renal (síndrome de Fanconi, cistinosis, acidosis tubular renal), una enfermedad de Wilson o acidosis metabólica.

- Si hay hipercalcemia, hemos de sospechar una intoxicación por vitamina D, una dieta láctea excesiva o un cuadro llamado hipercalciuria idiopática.

En resumen, como padre, debes estar atento a las posibles manifestaciones clínicas de tu hijo. Si sospechas una pérdida de calcio en orina aumentada, debes contactar con tu pediatra. Y, si él lo considera, te derivará al especialista en riñón.