Historia de una superviviente de sepsis meningocócica, una enfermedad grave y mortal

La pediatra y divulgadora, Lucía mi pediatra, sufrió esta enfermedad cuando tenía 5 años

Lidia Nieto
Lidia Nieto Editora Jefe

¿Qué es lo más valioso que tienes en tu vida? Si eres padre o madre, probablemente la respuesta te saldrá inmediata: tus hijos. Por eso puede que, como a mí, te choque y te resulte imposible entender por qué hay gente que puede llevar a poner en riesgo la salud de sus pequeños negándose a administrarles, por ejemplo, la vacuna de la meningitis. Para todos los padres, antivacunas y pro vacunas, está escrita esta historia de una superviviente de sepsis meningocócica, una enfermedad grave y mortal.

Relato de una superviviente de una sepsis meningocócica

Historia de una superviviente de sepsis meningocócica, una enfermedad muy grave y mortal

'Las vacunas son seguras, las vacunas salvan vidas, y es que la vacunación es la estrategia más eficaz para prevenir los meningococos más frecuentes que existen, por ejemplo, en España: el B, el C, el W y el Y'. Lo dice Lucía Galán, más conocida en redes como Lucía mi pediatra.

Ella lo vivió de primera mano cuando tan solo tenía cinco años. Lucía sabe qué es una sepsis meningocócica, por desgracia, lo experimentó en su propias carnes. Esta es la historia de una superviviente de meningitis.

'Con 5 años, llegué del colegio con fiebre y mi madre inmediatamente me llevó al pediatra. Este no lo vio claro, pero no me veía bien. ¡No era la Lucía habitual que les tenía acostumbrados y que iba saltando y sonriente a todos los lados! Nos mandó a casa, pero le dijo a mi madre que me llevará al día siguiente a su consulta porque no se quedaba tranquilo'.

'A la mañana siguiente, amanecí con muchísima fiebre y con manchitas por todo el cuerpo. Mi madre, asustada, llamó al pediatra por teléfono y este le dijo: 'Pon la mano debajo de la cabeza de Lucía e intenta flexionarle el cuello'. Cuando escuchó al otro lado del teléfono el grito que di, porque fui incapaz de girar el cuello por la rigidez de nuca, el profesional inmediatamente le dijo a mi madre que me llevase corriendo al hospital estuviésemos como estuviésemos porque era grave'.

'Ingresé en el hospital con diagnóstico de sepsis meningocócica con meningitis. Recuerdo que estuve allí diez días y diez noches con médicos que se quedaban en la puerta y con otros, por suerte, que se acercaban a mi cama y me acariciaban. Creo que ha sido el acontecimiento más traumático de mi vida y fue determinante a la hora de ser pediatra, porque cuando salí del hospital le dije a mis padres: 'Yo de mayor quiero ser médico de niños para que ningún pequeño vuelva a pasar por esto otra vez'.

La importancia de vacunar a nuestros hijos

importancia vacunas

'En mi época no había vacuna disponible de este meningococo que yo tuve, pero ahora sí y, por ello, tenemos que concienciar a la gente de que las vacunas son seguras y que son la estrategia más efectiva para proteger a nuestros hijos. Las vacunas llevan unos controles de seguridad y de calidad muchísimo más exhaustivos que cualquier otro fármaco que tengamos en nuestro botiquín'.

'Vacuno a mis hijos porque los beneficios superan con mucho a los riesgos de la vacunación y porque no me perdonaría perderles”, dice y añade: “Y vacuno a mis pacientes porque no soportaría que un padre me dijera que nadie le había informado que había una vacuna disponible'.

La dificultad en el diagnóstico de la meningitis

diagnóstico de la meningitis

Los síntomas y signos iniciales de la meningitis suelen ser inespecíficos y pseudogripales, lo que dificultad su diagnóstico. Durante las primeras ocho horas, el niño puede presentar irritabilidad, pérdida de apetito, fiebre, náuseas, dolor de garganta, malestar general, dolor de las extremidades inferiores y somnolencia e hipotonía muscular (esto en casos de niños menores de un año).

En una siguiente fase, dentro las 9-15 horas, se desarrollan los síntomas clásicos de la meningitis, aunque pueden ser impredecibles y no siempre dan la cara: rigidez en la nuca, petequias, fotofobia, manos y pies fríos, erupción purpúrica y protrusión de las fontanelas (lactantes menores de un año).

La meningitis puedes ser potencialmente mortal en un plazo de 24 horas, produciéndose confusión, delirios, inconsciencia, convulsiones y, como hemos dicho, el fatal desenlace.

Cada hora de retraso en el diagnóstico, incrementa el riesgo de muerte del niño. Así que, ante cualquier sospecha, ¡directos al hospital! Y, antes, vacunar de la meningitis para no vivir lo que pasó Lucía y, sobre todo, para evitar muertes y secuelas.