Cuando al niño no le gusta leer

¿Qué pueden hacer los padres cuando al niño no le gusta leer?

Cuando el niño es muy pequeño, entre 1 y 3 años, la lectura es un juego de tres jugadores: papá o mamá, el niño y el cuento. El adulto es la voz de las historias, el puente entre el niño y el libro o la revista que ambos han abierto juntos. El adulto tiene que ser paciente y repetir este juego un día y otro con paciencia y sin obligar al niño.

Al principio, el niño no se va a acercar espontáneamente al adulto con el cuento en la mano, pero llegará a hacerlo. ¡Y hasta a obsesionarse con un cuento concreto, que es su favorito y del que nunca se cansa! Es cuestión de repetir, de tener paciencia, de estar disponible en exclusiva para ese ratito de lectura-juego, de elegir bien el libro o la revista y de no obligar nunca al niño. En resumen: hay que fascinar al pequeño. Y es posible. No debemos rendirnos cuando al niño no le gusta leer.

¿Qué ocurre cuando a un niño no le gusta leer?

Gusto por la lectura

Cuando el niño está aprendiendo a leer, hay que tener en cuenta que estará motivado: el aprendiz de lector practica leyendo los textos de las bolsas del híper o de los carteles que ve por la calle. Pero también hay que tener en cuenta que hace un gran esfuerzo. Así que el adulto aún debe acompañarlo para relevarlo en la lectura cuando se canse y para aplaudir sus logros. Hay que buscar, por supuesto, libros o revistas que le gusten. No demasiado largos, variados y con una letra que facilite la lectura autónoma. Y no hay que olvidar los temas: la historia debe implicar al niño, llegarle de alguna manera. Se trata de que lea y de que lo que lee le deje un buen sabor de boca y más ganas de seguir leyendo.

Cuando el niño ya sabe leer y está perfeccionando la lectura mecánica y comprensiva, hay que facilitarle la lectura autónoma. Hay que lograr que lea por su cuenta, sin el adulto. Una clave es facilitarle la tarea: ofrecerle historias variadas, no muy largas, estructuradas de manera que le permitan dejar de leer cuando se canse y retomar la lectura fácilmente. Buscar libros o revistas con un tipo de letra cómoda de leer. ¡Y no renunciar nunca a la ilustraciones! En este momento crucial, las fotos y los dibujos son un apoyo: complementan al texto, en algunos casos lo aclaran y son un descanso para la vista. El objetivo: lograr que el esfuerzo no le desanime y que el empeño tenga la recompensa, o sea, que disfrute leyendo.

Por cierto: ¿los padres están seguros de que el niño ve bien? ¿Y de que el tema le atrae? Al lector pueden aburrirle los dinosaurios, pero entusiasmarle los edificios. Sus gustos y su personalidad tienen un peso determinante a la hora de elegir una lectura para él.