¿Por qué los niños son el centro del mundo?

Esta semana he leído una crónica que me hizo recordar una de las polémicas y tan oportunas conferencias del titular de menores de Granada, Emilio Calatayud. Un niño de unos 11 años de edad gritaba a sus padres en un aeropuerto porque su juego de video portátil se había quedado sin batería. Su padre le dijo que le daría otra cosa para que él se entretuviese, pero el niño no aceptó. Insistía en que el padre le tenía que comprar ya un cargador de baterías. El padre asintió a las exigencias del hijo y le prometió que así que llegasen al destino del viaje, lo haría. Y si no encontrase tiendas abiertas, que al día siguiente, no más levantarse, se iría a buscar una tienda para comprar el "bendito" cargador.

Madre mía, o mejor diciendo, padre mío, algo no encaja en esta película. Literalmente, los papeles se están cambiando. Si casos como este podemos ver no sólo en un aeropuerto, como también en un restaurante, en los centros comerciales, en la puerta de las escuelas, en casa. Hijos gritando, exigiendo, negándose, e incluso chantajeando a los padres, con gritos, berrinches, pataletas, y Dios sabe más con qué. Es una pena pero, como dice Calatayud, hemos dejado de ser esclavos de nuestros padres para ser esclavos de nuestros hijos. Esto de los hijos y de los padres se nos ha ido de las manos.

El niño no debe ser el centro del mundo

Para que un niño, y me refiero a uno de tres, cuatro, cinco años de edad, se tome la sopa, muchos padres intentan razonar con él, y lo mismo cuando el niño tiene que hacer lo que supone que es su deber. Me pregunto dónde está la autoridad y el respeto. Si los padres de hoy en día se limitan a ser apenas colegas y amigos de sus hijos. El niño, porque es pequeño, se sube a la mesa del restaurante. Porque es pequeño, no pasa nada si le da un cachete a su madre, y así una serie de situaciones sin ningún tipo de control. Y claro, cómo es pequeño, tiene derecho a decidir lo que quiere para comer, para vestir, para ver en la tele. Y cómo los padres de hoy en día están, por el trabajo, mucho tiempo fuera de casa, se sienten obligados a compensar su ausencia comprando todo lo que sus hijos les piden. Si es un PC, una conexión de Internet, una wii, una nintendo, una Ipod, una televisión para la habitación, y cuando se dan cuenta ya no pueden tener ningún control sobre sus hijos y tampoco exigirles respeto. Hemos perdido el norte. No tenemos porqué mantener a nuestros hijos entretenidos porque se aburren. Los niños no tienen porqué ser el centro del mundo. Creo que deberíamos enseñarles a ser más sensibles a otras realidades. Deberíamos educarles para que tengan otra perspectiva de la vida. Que mirasen más a los demás y no sólo a sus intereses y deseos. Que ellos no son el centro del mundo. Que el mundo es mucho más grande que su propia persona. Y me preguntarán, ¿cómo hacer eso? Pues yo creo que, como todo, con ejemplos. Creo que nosotros, los padres, debemos cambiar y recuperar nuestro papel. Crear compromisos y conocer historias de otras personas, de otras culturas, y no encerrarnos sólo en nuestro mundo de la "estabilidad". El mundo, las personas, los conocimientos, se mezclan rápidamente. Debemos aprender con ello, involucrarnos en las necesidades ajenas, y así educar de mejor manera a nuestros hijos. Vilma Medina. Editora de GuiaInfantil.com