El niño glotón

Mientras que la mayoría de las mamás se preocupan cuando su hijo no quiere comer, un grupo, algo más reducido, es el que componen las mamás a las que les preocupa la glotonería de su hijo.

¿Conocéis algún bebé o niño que siempre está dispuesto a comer, que disfruta y se relame cuando tiene cerca su puré o su comida y que interrumpe cualquier diversión ante la visión de un plato de comida?

El niño goloso y glotón

El niño glotón

Con niño glotón no me refiero a aquel que come bien o que es muy goloso (aquel que guarda sus dulces como un tesoro) o al que le gusta nada más que la comida poco saludable y que puede llevarle a la obesidad, sino al niño que le gusta comer, que come de todo, y es tragón por naturaleza, que se atreve con todos los alimentos, que paladea y disfruta todo cuando come. Aquel que desde muy pequeño tiene inclinación y debilidad natural por la comida, aquel que nos mira insatisfecho después de haber comido su ración y que tiende a comer más de lo que necesita.

Según me contó una amiga, su hermano era un niño glotón, cuando iba a un cumpleaños, su prioridad era comer y probar todos los tipos de comida que allí había. Mientras todos los demás niños jugaban e ignoraban la comida, este pequeño de 5 años se sentaba junto a la mesa disfrutando de la contemplación de los manjares expuestos y comía cuanto podía, sólo atendía a los juegos una vez que su barriguita se había llenado, aún ahora que ya es adulto sigue manteniendo ese gusto por la comida en el encuentro con otras personas.

Tener un hijo con esta tendencia natural, sin duda, necesita de una supervisión por parte de sus padres, al igual que ocurre con el otro extremo, aquel niño que nunca quiere comer y que es una obligación para él hacerlo. Los extremos siempre son malos, en un caso puede llevar a la desnutrición y en el otro al sobrepeso o la obesidad.

La cantidad de alimento que los niños pueden comer es relativo, ya que depende de la edad, del ejercicio, de la constitución, necesidad puntual y de la personalidad propia de cada niño, pero el aprendizaje de buenos hábitos alimenticios como la variedad y calidad de los alimentos elegidos, la cantidad adecuada dentro de un margen, y la educación a la hora de controlar posible impulsos desordenados por la comida corren de nuestra cuenta.

En los casos en los que el niño tiene un 'buen diente', resulta fundamental ofrecerles alimentos nutritivos que no supongan un aporte excesivo de grasas o azúcares y, a la vez, podríamos rebajar su ansiedad ofreciéndole un mayor número de comidas, pero menos cantidad de alimentos en ellas, de tal manera que el cómputo de todas ellas no supere una cantidad excesiva de alimento para el niño.

Patro Gabaldón. GuiaInfantil.com