Por qué las mamás subimos de peso y no lo perdemos

La báscula nunca miente, después del nacimiento de nuestros bebés a muchas se nos hace muy difícil recuperar la figura que teníamos antes del embarazo. Como mamá puedo decirte que influyen muchísimas cosas, pero te voy a hablar de mi caso. Recuerdo muy bien que antes de mi embarazo yo lucía una figura más fina, aunque nunca he sido flaca, era relativamente delgada. Tengo la hipótesis de que no sólo hay un gran cambio en el cuerpo sino que nuestros hábitos frente a la comida también cambian. Lo comparto para saber si a otras les pasó lo mismo.

Por qué no logramos recuperar nuestro peso

Dificultad para recuperar la figura tras el parto

 - Embarazo: Cuando me dijeron que estaba en embarazo comencé a darme gusto con esos antojos, tampoco a comer por dos, pero ya no me parecía tanto pecado comerme el postre todos los días, comer una que otra harina pasadas las 5, entre otras gusticos que antes no me daba. Pese al malestar, ciertas comidas se me hacían irresistibles, es como si el gusto se me hubiera desarrollado más.  Igual sentía que tenía que compensar pues tuve que renunciar a las bebidas oscuras, a los mariscos y a las copitas de vino, además me sentía muy cansada, necesitaba energías.

Cuarentena o puerperio: Llegó la niña ¡qué maravilla! … ¡Dios mío! cuánto comía, así que el cuerpo me pedía mucho, sobre todo líquido, sentía mucha sed y por supuesto, también sentía mucha hambre.  Durante la cuarentena mi familia me daba todo lo que tuviera mucho hierro como carnes, hígado, etc. Los primeros días me puse muy flaca, se me cayó el pelo y las uñas se me resquebrajaron. Nunca dejé las vitaminas. Entonces no hice ningún  tipo de dieta. Al contrario estaba tratando de alimentarme mejor y ya sin tantas restricciones como en el embarazo. Ahí subí varios kilos, pero hasta el año, no me sentí capaz de hacer dieta porque estaba lactando. Y se me notó bastante.

 - Después de la lactancia: Fue un período distinto, ya quería volver a sentirme la misma y quería recuperar un poco esa belleza previa. Cuando dejé de lactar intenté rebajar pero no lo conseguía. Sólo bajé un poco pero nunca estuve en el peso de cuando comencé la maternidad. 

 - Cuando el niño ya come: Cuando mi niña tenía más de un año salíamos en familia a los centros comerciales y ella comenzó poco a poco a comer helados, postres, ponquecitos y comencé a descubrir que a una mamá le parece imposible que un helado recién comprado, después de una inmensa fila, solo probado por su bebé, sea lanzado a la basura. ¿Dónde terminan siempre las sobras de ese helado que poco comía antes de ser mamá? Sin vergüenza reconozco que siempre me he comido las sobras de mi niña, obvio de cosas deliciosas como los postres, los helados y los ponqués de las fiestas infantiles y lo peor, después de haberme comido mi porción. Y así comenzaron a llegar los otros nuevos kilitos.  

- Cuando se convierte en escolar: Recuerdo que cuando sólo estábamos mi esposo y yo, la alacena tenía lo básico y la verdad teníamos hábitos saludables, ahora tiene todo lo que necesita un niño para el colegio y su fin de semana y cuando me da una fatiguita resulta difícil acudir al pan integral teniendo esas delicias mirándome a los ojos.

Así que mi teoría es que las mamás que no volvemos a adelgazar después del embarazo no podemos echarle la culpa sólo a los cambios del cuerpo durante y después de esa etapa, pues creo que nuestros hábitos también cambian. Pero no me culpo, me he disfrutado cada instante de ese helado compartido, del ponqué repetido, del combo grande en el cine, porque han sido acompañantes de los momentos vividos con ese ser que llegó a mi vida a enseñarme que podía volver a gozar como una niña.

Ahora, como le quiero durar mucho, ya estoy siendo más consciente de lo que me llevo a la boca y también porque quiero que siempre me diga que tiene la mami más linda de todas. Esta es mi experiencia, cuéntanos la tuya. ¿Te pasó algo parecido?