Por qué los niños también deben jugar solos

La importancia del juego en solitario de los niños

Sara TarrésPsicóloga Infantil

El juego individual o en solitario, el juego no dirigido, el juego libre sin la intervención de un adulto (mamá, papá u otros educadores) ofrece grandes beneficios en desarrollo cognitivo de nuestros hijos, aumenta su independencia y autonomía, fomenta su fantasía y permite que tomen sus propias decisiones sin miedo a equivocarse. 

Es cierto que muchos niños no quieren jugar solos, quizás porque no han tenido la oportunidad de aprender a hacerlo. Niños que en todo momento quieren que seamos parte activa de sus juegos y sus actividades. Niños que nos reclaman en casa, en el parque o sea donde sea que estén jugando. En cierto modo esto es señal que nos necesitan, un modo de llamarnos la atención y cómo no, de asegurarse de que siguen siendo lo más importante de nuestras vidas. Pero es importante que les permitamos momentos de juego en solitario y que nuestros pequeños aprendan a jugar solos de vez en cuando.

Ventajas para el niño de jugar solo

Niña juega con osito de peluche

También es cierto que jugando juntos, jugando con nuestros niños, compartimos más que un juego: enseñamos a compartir, ayudamos a desarrollar su lenguaje o sus habilidades no tan solo físicas, sino también emocionales y sociales, en definitiva les ayudamos a crecer. A mí siempre me ha gustado mucho jugar con mis hijos, intervenir en sus juegos y ayudarles a avanzar, sin embargo siempre he intentado dejar un espacio y un tiempo para que mis niños aprendan a jugar solos. 

Las ventajas del juego en solitario son múltiples, pero aquí quiero destacar las que considero fundamentales y las que lo diferencian del juego compartido. El juego en solitario permite a los niños:

 - Ser más independientes y autónomos al explorar el mundo que les rodea asimilando maneras diferentes de aprender y relacionarse con sus cosas y entorno. 

- Tomar decisiones por sí mismos, equivocarse y buscar el modo de volver a realizar aquello que no les han salido bien sin la constante intervención del adulto que les soluciona los problemas o de esa voz que les dice 'así no cariño, así está mal'.

- Desarrollar el juego simbólico no dirigido. Jugando solos, nuestros hijos pueden hacer y decir cosas que quizás delante de un adulto no harían porque están prohibidas o porque se sienten un poco avergonzados, como por ejemplo decir alguna palabrota o poner caras interesantes.

- Fomentar la fantasía y la creatividad, el niño que juega solo amplía su mundo interior creando personajes y escenarios alrededor suyo que no existen. 

A pesar de todas estas ventajas debemos tener en cuenta que tampoco se trata de que nuestros niños siempre jueguen solos, todo lo contrario. Un niño necesita compartir el juego con otros niños y con otros adultos para aprender a relacionarse, para aprender las reglas de convivencia, para desarrollar su lenguaje y sus habilidades sociales

El juego compartido y el juego en solitario se complementan, ninguno debe suplir al otro porque ambos son necesarios para el correcto desarrollo cognitivo y emocional de nuestros hijos.