Tener más de 3 hijos y no morir en el intento

Seguro que si tienes más de un hijo ,habrás oído más de una vez: ¡Uy, si yo con uno no puedo, cómo podrás tú con dos/tres...! ¿Cómo es posible que haya personas con cuatro, cinco o más hijos, y se las apañen para no morir en el intento?

Esto me recuerda un programa de radio que escuché hace años, en el que hablaba una madre, creo que con 10 hijos, y decía algo así como: "Cuando tenía seis hijos, me preguntaba qué hacía cuando tenía solo tres, y ahora que tengo diez me pregunto qué hacía cuando tenía seis..." Desde luego, ¡era una madre con sentido del humor! Pero nos da una clave a la hora de llevar una familia: aumentar la familia no necesariamente multiplica el trabajo.

Claves para dirigir una familia numerosa

Familia numerosa

Está claro que, a más niños, más cosas que hacer, aunque la cantidad de cosas que hacemos como madres tiene un límite humano, ¿cómo podría esta mujer llevar una familia de diez hijos? Pues admitiendo cierto "caos". Lo explicaré con un ejemplo. Con mi primer hijo, cada vez que se le caía el chupete al suelo, se lo esterilizaba; a partir del segundo, se lo limpiaba con agua. Y, a partir del cuarto, sinceramente creo que no me daba cuenta de la cantidad de veces que se le caía y él solito se lo volvía a meter en la boca. El esterilizador lo tengo en el trastero...

Es decir, que las prioridades cambian; cuantos más niños tenemos, más nos centramos en lo que es verdaderamente prioritario, más delegamos ciertas tareas a nuestros hijos mayores (por pequeños que sean) y, sobre todo, tenemos menos control sobre cada momento de la vida de nuestros hijos porque acabamos dándonos cuenta, no sin dolores de cabeza en el camino, que los niños pueden ser bastante más independientes de lo que les dejamos ser muchas veces. Lo cual me lleva al inicio. La diferencia entre tener un hijo, dos, cinco o diez no estriba sólo en la cantidad de trabajo que tenemos, sino en el grado de control que llegamos a ejercer sobre el entorno familiar; de manera que nos volvemos auténticas expertas en la gestión de personas y recursos (algo que muchas empresas envidiarían) para permitir un pequeño "caos" dentro de un orden familiar razonable.

Milagrosamente, las pequeñas notas de caos, dirigidas con la batuta una madre experimentada, se asocian en una preciosa sinfonía de orden y armonía. Así que, siguiendo con el símil, la madre con el tiempo se convierte en una directora de orquesta que no pretende controlar cada nota de los diferentes instrumentos, sino que garantiza el empaste de todos para que la obra musical sea espléndida. Y creo que estaréis de acuerdo en que ser solista es muy difícil, todos deberíamos sentirnos arropados por compañeros de orquesta.

Patro Gabaldon