Tristes efectos del padre ausente para los niños - Ausencia del padre

Cuando un padre existe pero no está presente en la vida del niño es capaz de originarle diversas heridas emocionales

Cuando hablamos de la ausencia del padre o padre ausente durante la niñez, nos referimos al hecho de que esta figura no esté presente en la familia, sobre todo a nivel emocional. Niños que sienten que sus padres no les saben dar el cariño que necesitan o que les proporcionan todos los recursos materiales necesarios para crecer, pero no los recursos emocionales que tanto anhelan.

Para cada niño, esta vivencia será diferente, aunque todos compartirán algo: la sensación de abandono, de ausencia, de no tener al padre cerca aunque sí lo esté físicamente. Pero, ¿qué impacto tiene el padre ausente en el desarrollo psicológico de los niños? En Guiainfantil.com hablamos de algunas de sus posibles consecuencias y de cómo se puede sanar aún en la edad adulta.

Ausencia del padre: consecuencias emocionales para el niño

Consecuencias emocionales de que el niño tenga un padre ausente

Un padre puede estar ausente en la vida de los hijos por distintos motivos. Tal vez viaja a menudo o trabaja muchas horas o vive en otra casa o en otro país o partió sin dar señales de vida. En algunos casos, el padre es desconocido. Y, además, están también esos niños que ya no tienen a su padre vivo.

La figura de un padre ausente tiene un impacto innegable en la infancia del niño, pero también en su etapa adulta. Hablamos de algunas de las consecuencias de esta vivencia, aunque no todas se manifiestan siempre, ni todos los niños las presentan:

1. Inseguridad y baja autoestima

Recordemos que el apego, el primer vínculo del niño con su figura principal, que suele ser la madre pero también el padre, determina muchos aspectos psicológicos de esa criatura y de su desarrollo. Si el apego con el padre no se produce o si este es un apego inseguro, evitativo o desorganizado debido a la ausencia del padre, esto puede conllevar dificultades emocionales en el niño. Por ejemplo, la aparición de inseguridades y una baja autoestima.

Esto tiene un impacto en diversas áreas de la vida del niño como son sus relaciones sociales y la forma que tiene de vincularse con sus iguales y con los adultos, su rendimiento académico, la percepción que tiene de sí mismo

2. Desconfianza

La desconfianza es otra de las posibles consecuencias de criarse y crecer con la figura del padre ausente. Esta desconfianza se dirige hacia los demás; inconscientemente, los niños, que un día serán adultos, piensan '¿por qué tengo que confiar en esta persona si es tan probable que me haga daño o que desaparezca cuando más la necesito?' Lo piensan porque son situaciones que ya han vivido y, además, con una figura tan importante en la dinámica familiar como lo es la figura paterna.

3. Temor al rechazo o al abandono 

En línea con lo anterior, la ausencia del padre también puede acabar generando en el niño y el adulto el miedo al abandono y/o al rechazo. Como se han sentido 'abandonados' por sus padres, son niños que acaban creciendo con la idea de que las personas que quieren (o, también, aquellas a quienes acaban de conocer), también les pueden abandonar en cualquier momento. 

También surge el miedo a ser rechazados y, desde ese miedo, las conductas de evitación o las dificultades para ser uno mismo o abrirse a los demás realmente.

4. Miedo a la traición

Similar a la desconfianza ya mencionada, hablamos del temor a la traición. Son niños que pueden tener más miedo a ser traicionados, a que les engañen o les hagan daño… Al final, todo se resume en ese miedo a conectar con el otro porque han crecido con esa ausencia del padre, que ha podido traducirse, por ejemplo, en no tenerlo cuando más lo necesitaban.

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¿Cómo sanar las consecuencias de vivir con un padre ausente?

Cuando papá no está o se va

Es evidente que todas las experiencias de nuestra vida, sobre todo aquellas especialmente traumáticas, dolorosas o intensas, nos marcan. Y esta no es una excepción. Crecer con un padre ausente deja huella y esa huella puede traducirse en pequeñas heridas emocionales que van configurando nuestra historia y nuestra forma de ser.

Sin embargo, aunque esas heridas o cicatrices duelan y estén ahí, no significa que no puedan repararse. O que no podamos ser felices y tener una vida satisfactoria. Se trata de aprender a vivir nuestra vida aceptando e integrando aquello que nos ha marcado, lo que incluye nuestra infancia con un padre ausente. ¡Algo nada fácil, lo sabemos! ¿Cómo empezar a sanar ya siendo adulto?

- Abriéndote a los que sí están
Aunque no es fácil, debemos empezar a confiar en las personas que sí están, aquellas que nos han dado su apoyo y que nos han cuidado. Abrirnos, expresar cómo nos sentimos, puede ser una forma de empezar a sanar.

- Trabajando la aceptación
La aceptación es un proceso complejo, pero también muy liberador que nos permite integrar las vivencias y aceptar cómo han sido las cosas, reconociendo que, probablemente, no podrían haber sido de otra forma. De hecho, la aceptación es la etapa final de los duelos, es decir, de procesos más largos en el tiempo que acaban culminando en la aceptación de una nueva realidad. Aceptar nuestra historia es un paso importante que nos permitirá sanar viejas heridas. Pero a veces, para hacerlo, necesitaremos ayuda psicológica.

- Terapia psicológica
La terapia psicológica es otra opción a seguir si sentimos que el hecho de haber crecido con un padre ausente ha tenido consecuencias psicológicas importantes en nosotros, consecuencias que siguen existiendo en la actualidad.

Por ejemplo, a la hora de vincularnos con los demás, de valorarnos a nosotros mismos, de confiar… Si crees que todo esto es consecuencia de tu infancia (o aunque no lo sea, pero deseas transitar un camino transformador hacia tu bienestar), la terapia psicológica puede ser una muy buena opción.

Recuerda, un padre no es solo aquel que da vida. También es el que está presente para cubrir las necesidades de su hijo, sobre todo a nivel emocional. Los padres deberían proporcionar este acompañamiento siempre, así como un entorno seguro y feliz en el que crecer pudiendo ser uno mismo.

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