Las 3 heridas emocionales más dañinas y dolorosas para los niños

El abandono, el rechazo y la inseguridad ejercen un gran daño psicológico en la infancia

Dafne Cataluña

Cuando pensamos en heridas se nos viene a la cabeza la imagen de un doloroso corte, un rasguño lleno de sangre, un moratón... Sí, las heridas físicas pueden doler mucho. Pero hay otro tipo de lesiones que, a pesar de que no dejan una huella evidente y visible, también resultan muy negativas. Nos estamos refiriendo a las heridas emocionales. Y, dentro de ese dolor psicológico hay tres tipos de heridas emocionales que resultan muy dañinas en los niños: el abandono, la inseguridad y el rechazo.

¿Mi hijo tiene heridas emocionales?

Dañinas heridas emocionales para los niños

Las heridas emocionales se producen cuando nos hacen daño a nivel emocional y esto nos produce un dolor psicológico. En la mayoría de los casos, este daño no es intencionado, es decir, no existe una intención por parte de la persona que ocasiona esa herida, pero lo cierto es que nos duele y nos hace sentir emociones desagradables que pueden manifestarse (tanto en el presente como en el futuro) de diferentes formas.

De la misma forma, ese dolor psicológico puede ser también consciente o inconsciente. Es decir, en muchas ocasiones no nos damos cuenta de que existe esa molestia emocional, que acaba siendo normalizada y, por tanto, no aprendemos a gestionarla.

Los niños también pueden tener heridas emocionales causadas por diferentes circunstancias. Sobre todo en el caso de los niños más pequeños, ese dolor psicológico suele ser inconsciente, lo que no significa que no lo manifiesten o no surja de manera más evidente en el futuro, cuando son adultos.

Son diversos los motivos que pueden provocar esas heridas emocionales en los niños. En esta ocasión nos vamos a detener en tres de los daños emocionales más frecuentes durante la infancia: el abandono, el rechazo y la inseguridad.

El abandono es un daño psicológico muy dañino para los niños

Las principales heridas emocionales para los niños

El abandono es una de las heridas emocionales a las que más atención debemos prestar los adultos con niños a su cargo; y es que es uno de esos daños psicológicos que a menudo nos pasan desapercibidos pero que resulta muy dañino.

Aunque seamos unos padres implicados en la educación de nuestros hijos, debido al estilo de vida rápido y atareado que llevamos, nuestros hijos pueden sentirse abandonados. No es que estemos dejando de lado nuestra función como padres (o que estemos siendo malos padres); es la forma en la que los niños interpretan esa realidad y no se sienten apoyados.

- A veces, esa sensación de abandono surge simplemente cuando los niños sienten lejos a sus padres, no sienten su presencia (aunque ellos físicamente estén ahí). Por algún motivo, no sienten que estén a su lado y esto les lleva a sentirse abandonados.

- En otras ocasiones esta sensación de abandono se produce cuando el padre o la madre tiene que alejarse por algún motivo de su hijo, ya sea por una enfermedad, por el trabajo... Dependiendo de la edad del niño, esta necesidad de alejarse del pequeño será integrada y asumida de una forma u otra.

Los niños pueden llegar a manifestar esta sensación de estar abandonados a través de la rabia o la ira. De hecho, estos pequeños pueden ser más irritables de lo normal. A menudo, esta herida emocional provoca una gran tristeza en los niños. Es importante que los padres lleguemos a detectar esta herida emocional para proponer una crianza más cercana y activa con la que nuestros hijos no se sientan abandonados.

Heridas emocionales dolorosas: el rechazo de los padres

El rechazo y otros daños emocionales para los niños

Otra de las heridas emocionales que más dolor causa en los niños de todas las edades es el rechazo.

A menudo, esto se produce en los hijos de padres que ejercen un modelo de crianza más disciplinado o autoritario. Esto se debe a que estos padres están muy pendientes del crecimiento y desarrollo de los pequeños, pero también de sus resultados y de su aprendizaje.

Sin querer, los padres enfocan mucho a sus hijos en aquello que tienen que mejorar, y no tanto en aquello que ya tienen y que les hace valiosos por sí mismos. Su nivel de exigencia es muy alto, lo que hace que los pequeños se sientan rechazados cuando consideran que no han cumplido con las expectativas de sus padres.

Como consecuencia de esta herida emocional, la autoestima de estos pequeños se puede ver afectada. Estos niños tienden a ser muy precavidos, suelen pensar mucho en las cosas antes de realizarlas, no se sienten bien con ellos mismos... Todo ello es lo que les impide probar cosas nuevas, ya que tienen mucho miedo a fallar o no hacerlo bien.

Es importante que los padres reflexionemos sobre cómo nos relacionamos con nuestros hijos para así ayudarles a tener confianza y seguridad en ellos mismos.

La inseguridad en el entorno afecta mucho a los niños

Inseguridad, abandono y otras heridas emocionales en la infancia

Por último, hay otra herida emocional que, por ser muy frecuente y dolorosa para los niños, debemos mencionar. Se trata de la sensación de inseguridad; la falta de seguridad o protección del entorno.

Este daño emocional se suele producir cuando un niño percibe que lo que ocurre a su alrededor es aleatorio, ya que nunca saben qué situaciones les pueden llegar a hacer daño ni por qué estas suceden. Esta inseguridad hace mella en los niños, que como bien sabemos, necesitan unas rutinas para sentirse seguros y protegidos.

Esto ocurre, por ejemplo, en situaciones de guerra, ya que el día a día es altamente impredecible. Sin embargo, también hay un ambiente inseguro cuando se da una situación de abuso en la infancia. A menudo, los niños manifiestan esta herida emocional siendo rebeldes, aunque también es común que les ocasione una gran desconfianza (les resulta imposible confiar en la gente que les rodea).

En este caso, resulta muy importante que los padres estemos muy atentos para detectar aquellas situaciones de incertidumbre o de abuso hacia nuestros pequeños y trabajemos en erradicarlas y proponer rutinas más estables en casa.

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