Primeros auxilios para las heridas emocionales de los niños

7 remedios para problemas emocionales de los niños más frecuentes

Estefanía Esteban

Tristeza, ira, miedo... Esas emociones tan difíciles de controlar también hieren a los niños. Más aún a ellos, que aún no pueden controlar las herramientas básicas para domarlos. 

Por eso es imprescindible tener a mano un buen botiquín de primeros auxilios. Una buena venda para los miedos o una tirita cura penas. Te explicamos qué remedios puedes utilizar, cuáles deben ser los primeros auxilios para las heridas emocionales de los niños.

7 primeros auxilios para las heridas emocionales de los niños

Primeros auxilios para las heridas emocionales de los niños

A veces una palabra o un grito puede doler más que una caída en bicicleta. Incluso un silencio o una mirada pueden ser más devastadores que una picadura de avispa. Por eso, conviene tener cerca el botiquín de primeros auxilios emocionales. ¿Sabes qué debe tener dentro? Todo esto:

  1. Bálsamo de caricias, besos y abrazos. No hay herida que no pueda curar el amor. Si tu hijo está triste, se siente confundido o siente un gran enfado, puedes intentar calmarle con la pócima del amor. Un beso, un abrazo y unas caricias. Muchos niños se sienten mucho más reconfortados al sentir la seguridad y el calor de un gran abrazo. Otros, sin embargo, prefieren la medicina de la soledad... Una medicina que les otorga unos segundos de intimidad y reflexión.
  2. Medicina de la soledad. Tal vez te parezca contradictorio. ¿Soledad? ¿Puede ser buena? Cuando un niño está triste o enfadado por algo, a veces pide estar solo. Cada niños es un mundo, y no todos reaccionan bien ante los 'achuchones' y besos sin medida. Después de un gran abrazo, debes respetar su espacio para que pueda reflexionar. La soledad ayuda a pensar. A menudo estamos tan obsesionados con no dejarles ni un instante solos que olvidamos que la soledad también cura y apacigua. 
  3. La venda del silencio. ¿No te ha pasado a ti que ante cualquier problema emocional de tu hijo, comienzas a soltarle charlas y más charlas? Lo hacemos con toda nuestra buena intención: 'si te enfadas así, nadie va a querer estar a tu lado...'. A final, de tanto hablar, lo que hacemos es empeorar la situación. Palabras, sí, pero en su justa medida. A veces un silencio puede ser más poderoso. Puede significar que estás a su lado, respetando su momento de enfado o de tristeza, y que puede contar contigo para lo que quiera. 
  4. Tiritas anti-lágrimas. Cuando un niño llora, muchas veces nos quedamos sin saber muy bien qué hacer. ¿Le dejo llorar? ¿Le intento consolar? Para esto están las tiritas anti lágrimas, que no es más que un pañuelo. Sí, como suena. ¿Cuántas veces acercaste a tu hijo un pañuelo para limpiarle las lágrimas al tiempo que le decías simplemente: 'se pasará, no te preocupes'. Acompaña este momento con una caricia para que sepa que estás con él y que le entiendes. 
  5.  Jeringuilla anti-enojo. Esta medida está pensada para los padres, no para los hijos. Cuando el niño entra en un estado de ira, tendemos a perder los nervios y terminamos gritándoles sin medida. Al final, es como si dos trenes se dirigieran uno contra el otro a gran velocidad: el tren de la ira de tu hijo contra el tren de la ira del padre o madre. ¿Qué crees que puede pasar? Sí, si nadie lo consigue evitar, el choque será tremendo, descomunal y el daño... también. Por eso, conviene tener a mano una jeringuilla anti enojo para que los padres puedan manejar sus nervios y su ira e intentar, desde la calma, frenar el tren de la ira de su hijo.
  6. Medidor de Tensión. Ante un problema emocional de un niño, conviene poner en marcha la maquinaria de la empatía al máximo. ¿Por qué está tan enfadado? ¿Cómo es que se siente así? ¿Qué puedo hacer yo para ayudarle? El medidor de tensión de dará una idea de cómo puede sentirse tu hijo si está triste o por ejemplo, tiene un ataque de pánico por un miedo que no consigue dominar.
  7. Parches de escucha activa. Estos parches son milagrosos. Consigue cosas increíbles. Un parche de escucha activa consigue potenciar la comprensión y la empatía hasta niveles insospechados. Escuchando a los hijos cuando tienen un problema emocional (y observando mucho), podemos acertar con nuestras palabras o nuestra medicina emocional. Indispensable.