Niños con incontinencia afectiva o cuando no pueden controlar sus emociones

Cómo ayudar a los niños que les cuesta gestionar sus emociones

Jimena Ocampo Lozano

Cuando hablamos de niños con incontinencia afectiva, queremos referirnos a niños a los que les resulta difícil controlar sus emociones. Niños a los que les resulta difícil gestionar el miedo, la alegría, la tristeza, la ira, la frustración, etc.

En estos casos lo que ocurre es que las emociones en los niños adquieren tal intensidad que no resulta fácil controlarlas, ni a ellos ni a los padres, por lo tanto es importante conocer el papel que jugamos en este proceso de regulación emocional en nuestros hijos.

¿Cómo son las emociones en los niños?

 Enseñar al niño a controlar sus emociones

Los niños no nacen con un repertorio de herramientas para gestionar y regular sus emociones, por lo que es importante, que desde pequeños les enseñemos y ayudemos en este proceso. Al igual que les enseñamos a vestirse, a lavarse, a comer solitos, o a recoger sus juguetes, tenemos que enseñarles qué son la emociones y saber manejarlas, para que no les manejen a ellos. 

Para ello, lo primero que tenemos que tener en cuenta, que los niños necesitan aprender a reconocer las emociones y diferenciarlas unas de otras. Y una vez sepan reconocerlas, lo siguiente es que aprendan a regularlas.

Las emociones en los niños van apareciendo de forma progresiva a lo largo del desarrollo. Desde que son bebés los niños experimentan y expresan emociones que al inicio son muy básicas, (alegría, malestar, sorpresa, miedo...) y poco a poco van apareciendo emociones más complejas. El desarrollo emocional está muy relacionado con el desarrollo cognitivo del niño,  el desarrollo social, del lenguaje, y la conciencia del propio yo. 

El lenguaje aquí va a jugar un papel muy importante, ya que va a permitir a los niños, expresar lo que sienten, "tengo miedo", "tengo sueño", "estoy triste". Pero para  expresarlo, deben saber exactamente qué es lo que sienten. La expresión y la comprensión de las emociones tienen ritmos evolutivos diferentes, y así aunque los niños expresen emociones, no implica necesariamente que comprendan qué es lo que están sintiendo. 

Y es aquí donde los padres jugamos un papel importante, tenemos que ayudarles a poner nombre a eso que están experimentando, ("estás enfadado porque no te dejo jugar con la pelota en casa" o "estás triste porque tu amigo no ha podido bajar a jugar al parque", o "tienes miedo a montar en bici", o "estás muy emocionado porque vamos a celebrar tu cumpleaños"). La intensidad de las emociones y el aprendizaje de su regulación va a depender en gran parte de los procesos de socialización y los intercambios afectivos que tienen lugar en el interior de la familia.

Qué podemos hacer si los niños no pueden controlar sus emociones

Para ayudar a nuestros hijos a controlar sus emociones algunas pautas a  tener en cuenta pueden ser:

- Ayudarles a poner nombre a lo que sienten y facilitar la expresión de emociones.

- Ser ejemplo. Muchas veces somos los papás los que nos "descontrolamos" en casa, y esto es ejemplo y modelo para los niños, por lo que para enseñar a nuestros hijos a contenerse, lo primero es contenernos nosotros. Y esto no siempre es fácil, por lo que tenemos que tener esto también en cuenta: Si a mí a veces me cuesta controlarme, tengo que entender que a mi hijo también le cueste a veces.

- Enséñale a calmarse. Está claro que en el momento del estallido emocional resulta más difícil hacer que el niño se calme, o haga cosas para calmarse, por eso es importante que le enseñemos poco a poco. Depende de la emoción hay técnicas que pueden servirnos, Por ejemplo, para la ira o el enfado: la técnica de la tortuga, el semáforo o el tiempo fuera, o distraerle si es que se ha asustado o está triste.

- No ignorar sus emociones ni negarlas, sino entenderlas.

- Ayudar al niño a diferenciar entre emoción y comportamiento. El niño puede estar enfadado porque no puede jugar a la pelota en casa,  y en consecuencia tener un mal comportamiento, (pegar o tirar los juguetes). Tengo que enseñarle que entiendo que esté enfadado, pero que su conducta no es adecuada y tiene consecuencias. Es decir, la consecuencia no es parta la emoción, sino para la conducta. 

Y aunque esto no parezca tarea fácil, es posible y al final veremos resultados.