El juego de la escalera de las emociones para cambiar el comportamiento de un niño

Enseña a tu hijo a reconocer sus emociones con esta fantástica y sencilla técnica

Estefanía Esteban
Estefanía Esteban Responsable Multimedia

Cuando el niño estalla en una rabieta incontrolada, o se enfada con su amigo y le pega.. cuando el niño no es capaz de enfrentarse a un problema y se bloquea, o siente tal frustración que estalla en un violento alarido.... el problema está en la ausencia de autocontrol. Y ahí andan correteando, como no, las emociones.

La inteligencia emocional es tan importante que puede llegar a determinar el comportamiento de un niño. Y es que a menudo, un niño violento o agresivo lo es porque no es capaz de manejar sus emociones. ¿Cómo ayudarle? Utiliza el juego de la escalera de las emociones para enseñar a tu hijo a reconocer qué siente, y cambiar, de paso, algún comportamiento no deseado.

Aprende a utilizar el juego de la escalera de las emociones para cambiar el comportamiento de tu hijo

Técnica de la escalera de las emociones

Esta técnica o juego, ligado a la inteligencia emocional, es ideal para niños a los que les cuesta más llegar al autocontrol de sus emociones. Las emociones, sí, esos mecanismos o impulsos que a menudo descontrolan nuestras acciones, que nos hace sentir miedo, tristeza, rabia... o alegría, esos mecanismos, tienen un mando (como las videoconsolas), y tu hijo puede aprender a manejarlo.

El juego de la escalera de las emociones, (basado en la técnica del Tren de las emociones del psicopedagogo Javier Sobrino González), es ideal para los más pequeños, pero también puede utilizarse con niños más mayores. Consiste en lo siguiente: Necesitas 4 hojas de papel. No importa si son de color o son blancas. Lo importante es que escribas con letras grandes en cada una de ellas lo siguiente: 

1. Lo que pasa.

2. Lo que pienso.

3. Lo que siento.

4. Lo que hago.

5. El resultado.

- Colocas en el suelo las hojas en forma de escalera. El primer peldaño sería la hoja en donde pone 'Lo que pasa'. La última, 'el resultado'. Pides a tu hijo, después de que haya realizado alguno de esos comportamientos que quieres que cambie, que se sitúe en el primer peldaño de pie y conteste a las preguntas. En el primer caso, ¿qué ha pasado?

- Después debe 'subir' el siguiente escalón. En este caso debe responder a la siguiente cuestión: ¿qué pienso?

- El tercer peldaño le obligará a profundizar en sus emociones: ¿cómo te sientes?

- Después, en el siguiente escalón, analizará sus acciones: ¿qué has hecho?

- Y por último, con el último escalón, reflexionará sobre los beneficios o perjuicios que causaron su acción: ¿has conseguido algo con ese comportamiento? Cuando termine, debe volver a subir la escalera pero cambiando desde el según peldaño el pensamiento... ¿qué hubiera pasado si en lugar de pensar esto, hubieras pensado esto otro...? 

Por qué ayuda a tu hijo esta técnica de la escalera de las emociones

La vida es en sí la construcción de un rascacielos creada a base de elecciones. Tú eres el arquitecto. Tú eliges qué opción tomar. Debemos enseñar a nuestro hijo a tomar la decisión correcta. Y este juego es muy útil. Pongamos un ejemplo: 

- Tu hijo quiere un juego para la consola pero es muy caro. Le dices que se lo tiene que pedir por su cumpleaños, pero claro, para su cumpleaños aún faltan muchos meses...  Tu hijo ahora tiene dos opciones: 

a) Se enfada y llora. Grita y no acepta que no le compres ya el juego. Incluso te amenaza. Y tú le castigas.

b) Se entristece, porque quería el juego ya, pero lo acepta y espera con ilusión el día de su cumpleaños, marcando en el calendario cuántos días faltan. 

La mayoría de niños seguramente terminen escogiendo la opción a. Ahí estás tú para explicarle, una vez que se le pase el berrinche, que con la opción a no consigue nada. Es el momento de utilizar el juego de la escalera, para que él mismo se de cuenta qué es lo que siente en ese momento y por qué es mejor la opción b. 

¿Cómo poner en práctica el juego de la escalera de las emociones en este caso? Este sería el procedimiento. Primero debe responder a lo que ha ocurrido (pongamos que apostó por la opción a): 

1. ¿Qué pasa? 'Que mis padres no quieren comprarme el juego'.

2. ¿Qué piensas? 'No entiendo por qué no quieren comprarme el juego'.

3. ¿Cómo te sientes? 'Estoy muy enfadado'.

4. ¿Y qué has hecho? 'Gritar y llorar'.

5. ¿Y qué has conseguido?. 'Mis padres se han enfadado y me han castigado'. ¿Te sientes mejor ahora? 'No'

Ahora le explicas a tu hijo cuáles hubieran sido las respuestas si hubiera apostado por la opción b, de modo que el comportamiento hubiera sido más racional:

1. ¿Qué pasa? 'Mis padres no me quieren comprar el juego ahora'.

2. ¿Qué piensas? 'Me da mucha rabia porque lo quiero ya, pero entiendo que no pueda ser y tendré que esperar un poco'.

3. ¿Cómo te sientes? 'Estoy triste porque no pueden comprármelo ahora, aunque me han prometido que me lo regalarán por mi cumpleaños, y eso también me ilusiona'.

4. ¿Qué has hecho? 'Pensar que ya solo quedan tres meses para que me lo compren. Voy a apuntar en el calendario cuántos días faltan'.

5. ¿Y qué has conseguido? 'Ahora ya no me siento tan enfadado'. 

Es solo un ejemplo, pero se puede utilizar en muchos otros casos. De hecho, este sistema sirve para niños de todas las edades, incluidos adolescentes. ¿Te animas a probar?