Cómo saber si un niño no es feliz o ha sufrido una herida emocional

Cuando los niños se sienten queridos y amados, se sienten seguros y son más felices

Ángeles Wolder

'¿Mi hijo es realmente feliz?' Algunos padres se realizan esta pregunta a diario y otros asumen que la respuesta es un rotundo sí. Sin embargo ¿cómo podemos estar seguros? Durante la infancia, los niños experimentan diversos cambios fisiológicos, conductuales y cognitivos que indican su madurez con respecto a su evolución natural pero, ¿qué hay de las emociones? Nos preguntamos cómo podemos saber si un niño ha sufrido una herida emocional que le impide ser feliz.

¿Qué señales advierten de una herida emocional en los niños?

Cuando un niño no es feliz

Claramente el amor es importante durante la infancia. Puede que no lo parezca, pero los niños responden ante los actos de cariño de los adultos, en especial de sus padres, siendo esta la razón principal por la que andan con un ánimo alto casi todo el tiempo. Si se sienten amados, se siente seguros y así son felices. Los padres debemos estar atentos a esas señales que demuestran que nuestro hijo o hija no se siente querido. A menudo, esto se debe a algún tipo de herida emocional suya o nuestra.

Existen diferentes maneras en las que los niños nos muestran que han sufrido una herida o que no se sienten bien:

- Existe una alteración significativa de su comportamiento o conducta. En cada niño se puede producir un cambio diferente pero, por ejemplo, pueden darse regresiones (recupera comportamientos propios de niños más pequeños de su edad que ya había superado) o parece más introvertido, temeroso y reservado que hasta ahora.

- Aparecen una serie de síntomas fisiológicos repentinos. Se trata de una serie de sintomatologías o dolores que aparecen de manera inadvertida y variada, por ejemplo: que el niño presente tos un día, diarrea, le duela alguna parte de su cuerpo, que se sienta cansado... Sin embargo, esto puede ser una causa de un malestar general, por lo que para corroborar una alteración emocional debemos chequear su comportamiento.

¿Cómo podemos saber si un niño no es feliz?

Las heridas emocionales de tus hijos

Todos sabemos que la infancia es una etapa agitada y ruidosa; los niños felices se la pasan jugando, saltando, riendo, explorando, curioseando de manera espontánea. Pero cuando solo existe el silencio o cuando el niño responde solo porque alguien le dice lo que debe hacer, sabemos que algo no está bien; ese niño no es feliz o no se siente querido. Es decir, su naturalidad se ve rota, debido a que el niño está preocupado o se muestra defensivo por algo que está ocurriendo en su ambiente, el cual puede ser familiar o escolar.

Un niño que está siempre 'haciendo ruido' y jugando o explorando por su cuenta, es un niño feliz y satisfecho, debido a que se siente seguro y amado, caso contrario que sucede en niños que están más aislados o son pasivos. Los niños no comprenden, intelectualmente hablando, el significado de ser amado o ser feliz, sino que lo interpretan de forma emocional a través de las emociones que reciben de su entorno.

La emociones intensas ligadas a los conflictos emocionales

Un niño no feliz y con heridas emocionales

Por supuesto, también están las situaciones que se escapan de nuestro control; después de todo, los padres no pueden cubrir con una manta de protección eterna a sus hijos y en un instante corto, en un milisegundo, el mundo de los niños puede cambiar por completo y desencadenar todos los sentimientos negativos del abandono, aunque esa no sea la intención de los padres.

Puede pasar, por ejemplo, que los padres estén concentrados yendo a un sitio y el hijo, por otro lado, se distraiga viendo las cosas a su alrededor. Esto hace que pierda de vista un momento a sus padres y se sienta abandonado, lo que le causa una pequeña herida emocional. Es en este momento cuando los miedos se disparan, la sensación de vacío, la infelicidad, la preocupación, la inseguridad y la sensación de abandono. Es decir, un pánico absoluto que no saben manejar aún por su tan temprana edad.

Pero esta intensidad negativa disminuye cuando los padres vuelven a recogerlo y el niño puede sentir de nuevo esa seguridad y cariño. Aunque este amor paternal reconforta al pequeño y disminuye su estrés, este puede no desaparecer por completo. Este punto rojo (como los expertos denominan a ese momento súbito de tensión en el que el niño ha sentido con mucha intensidad esa sensación de abandono u otra herida emocional) puede llegar a desencadenar todo un proceso interno inconsciente.

¿Qué pasa después de esto? Cuando la eventualidad se resuelve y todo vuelve a la normalidad, el niño se olvida de ese momento angustioso que pasó, pero puede revivirlo por ejemplo, cuando esté durmiendo o en otro momento inesperado, desencadenando algún síntoma físico o dolencia corporal. Por lo que los padres deben acompañar en todo momento a su pequeño o pequeña para hacerle saber que, aunque existan momentos así de difíciles, siempre habrá alguna resolución.

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