¡Cuánto pueden aprender los niños con sus abuelos!

Vilma MedinaDirectora de GuiaInfantil.com

Siempre pensé que los niños que viven cerca de los abuelos son más afortunados. Los pocos momentos que he compartido con mis abuelos, ya que ellos vivían muy lejos de nuestra casa, han quedado grabados en mi memoria con mucha ternura y afecto. No he llegado a conocerlos como me hubiera gustado, pero hay hábitos como el de ponerme a rezar todas las noches y de gustarme oír cuentos, que conservo de mi abuela, la única que estuvo más tiempo con nosotros.

Los abuelos son baúles de experiencias

Abuelo besa a niña

A mí, mis abuelos siempre me inspiraron paciencia, cuidado, confianza y tranquilidad. Cuando mi abuelo se murió, mi abuela pasó una temporada en nuestra casa, y me encantaba acurrucarme en sus brazos, acariciar su pelo canoso, su piel arrugada... pero sobretodo me encantaba que me contara historias de otros tiempos, de su familia, de cuando se enamoró y se casó con mi abuelo a los 18 años, de sus hijos, de mi madre cuando era pequeña...

Mi abuela no tenía prisas para nada, siempre estaba dispuesta a parar de hacer todo lo que estaba haciendo para estar con nosotros. Al fin y al cabo, es lo que más le gustaba a ella. Con mi abuela, además, comíamos 'de maravilla'. Las empanadillas de carne y de queso que hacía ella eran las mejores. Mi abuela olía a perfume de lavanda, incluso en la cocina cuando se dedicaba a hacer pasta y mermeladas caseras.

Aunque estuvo poco tiempo con nosotros, mi abuela nos aportó un sinfín de satisfacciones. Su forma de ser, de mirar, de intervenir y de cuidarnos era distinta a la de nuestros padres. Mi abuela no estaba para educarnos. Ella apenas convivía con nosotros. Nos enseñó cosas y detalles que nuestros padres no tuvieron tiempo o no creían importantes en su momento. Mi abuela me enseñó a sujetar debidamente los cubiertos, a sentarme 'como una niña mayor', a ponerme el primer sujetador, a llevar el bolso, hacer bien la cama... Muchas cosas que yo no me atrevía hablar con mis padres, lo hablaba con mi abuela. Ella me dio parte de la riqueza emocional que tengo y que sólo una abuela puede ofrecer.

Hoy, cuando percibo en algunas familias que los abuelos están solo para llevar y buscar los nietos al colegio, para cuidarlos en las vacaciones, e incluso para hacerse de empleados de hogar con la plancha o la cocina... me doy cuenta de que no les están valorando suficientemente como deberían. Más bien abusan de este recurso.

Los abuelos han dejado de ser aquella figura de apoyo y de cariño para los nietos para convertirse en sus meros cuidadores, un recurso para el ahorro económico de la familia. No se dan cuenta de que los abuelos también tienen sus necesidades, sus quehaceres, sus propios deseos, proyectos y prioridades. La sociedad cambia, pero a pesar de eso los abuelos siguen transmitiendo experiencias de otra forma de vida y de entender las cosas. Piensa que la relación entre los abuelos y los nietos no solo es beneficiosa para los pequeños. Los nietos también son una gran fuente de amor y de conocimiento para los abuelos.