Cómo actuar si tu hijo empieza a tartamudear

Consejos para niños que empiezan a tartamudear

Covadonga Villa Rodriguez
Covadonga Villa Rodriguez Logopeda infantil

Uno de los problemas que pueden aparecer en el habla de nuestros hijos en sus primeros años es la tartamudez, que se define como un trastorno de la fluidez verbal caracterizado por la repetición de sonidos o sílabas, por bloqueos, palabras rotas, circunloquios, prolongaciones de sonidos, palabras producidas por un exceso de tensión, entre otras alteraciones. Estas características suelen aparecer siempre juntas, aunque en ocasiones se dan por separado.

La tartamudez está íntimamente relacionada con la situación comunicativa en la que se encuentra el niño al hablar, es decir, no se es tartamudo en todas las situaciones. ¿Cómo debemos actuar si el niño empieza a tartamudear?

Qué hacer si el niño empieza a tartamudear

Cómo actuar si tu hijo empieza a tartamudear

Cuando nos encontramos con un niño que tiene estos síntomas es fundamental realizar un diagnóstico diferencial, ya que durante la infancia, coincidiendo con el momento en el que suele empezar a aparecer la tartamudez, algunos niños presentan un habla vacilante con problemas de fluidez que nos puede confundir y hacer creer que estamos ante un niño con tartamudez, cuando realmente su fallo es debido a que quieren hablar más rápido de lo que pueden. Este diagnóstico deberá ser realizado por un logopeda tras evaluar y valorar el habla del niño.

Una vez confirmado el diagnóstico de tartamudez en nuestro hijo, es importante saber cómo poder ayudarle y qué actitud debemos tomar ante su habla. 

A continuación os damos una serie de consejos sobre cómo actuar ante un niño con tartamudez.

 - Prestar más atención al contenido de lo que el niño dice que a cómo lo dice

- No mostrar una actitud ansiosa o de impaciencia ante la espera de lo que el niño va a decir

- Nunca hacerle repetir una palabra o una frase

- No reñirle, censurarle, criticarle, ridiculizarle ni mostrar sobreexigencia con el niño.

- Darle tiempo para que termine la frase sin adelantarse o concluir lo que al niño le cuesta.

- No hacerle observaciones acerca de su forma de hablar ni emplear ayudas compasivas como "habla más despacio, relájate, vuelve a empezar”.

- Darle conversación, hablar de cosas que le gustan y que le interesan, que se dé cuenta de que es placentero hablar con él.

- Leer cuentos juntos.

- Hablar al niño despacio, con una buena pronunciación y empleando frases sencillas.

- Evitar al niño situaciones de tensión.

- Tratar de que se acueste relajado.

No hay que olvidar que, como en otros muchos problemas, una intervención temprana es fundamental para el niño.