Eolo, el señor de los vientos, ayuda a Ulises. Cuentos cortos para niños

Mitología griega contada y adaptada para los niños en forma de cuentos

La mitología griega es una buena fuente de información cultural, pero no siempre resulta accesible a los más pequeños. Por eso en Guiainfantil estamos adaptando la mitología en forma de leyendas cortas para que los niños las entiendan y las disfruten.

Eolo era un anciano que vivía en la isla de Eolia. Era el señor de los vientos y llevaba instalado en esa isla contralado las idas y venidas de todos los vientos desde el principio de los tiempos. Y seguramente allí seguirá. Un buen día, a la isla de Eolo llegó el héroe Ulises en su camino de vuelta a Ítaca.

Eolo le regala los vientos a Ulises

Eolo

Al héroe Ulises se le estaba complicando el camino de vuelta a Ítaca después de la guerra de Troya. A veces porque se entretenía con magas o con sirenas, otras veces por los peligros a los que se enfrentaba y otras veces más porque el dios del mar, Poseidón, estaba muy enfadado con Ulises y se dedicaba a hacerle imposible la navegación.

Poseidón iba una vez por semana a la isla de Eolo porque era su mejor amigo. Allí jugaban a las cartas, se divertían y también hacían la planificación semanal de los vientos que querían dejar salir durante los siguientes siete días. Pero un día Eolo se enfadó con Poseidón porque el dios le había hecho trampas a las cartas y decidió gastarle una broma pesada.

Fue cuando apareció por la isla de Eolia el héroe Ulises de Ítaca, ansioso por llegar a su casa y encontrarse con Penélope. Eolo vio en Ulises la mejor forma de castigar a Poseidón, que estaba empeñado en que no volviera a casa. Y así le prometió a Ulises un viento favorable hasta Ítaca. Como todos los vientos obedecían a Eolo antes que a Poseidón lo tuvo fácil.

- Yo te ayudaré a volver a Ítaca, Ulises- le dijo Eolo amistosamente.

- Pero es que Poseidón está empeñado en complicarme el camino y nunca puedo navegar con buen rumbo- contestó Ulises.

- No te preocupes, los vientos me obedecen a mí, no a Poseidón.

Y Ulises confió en Eolo porque además de dio un saco donde encerró todos los vientos excepto el viento favorable que le ayudaría a navegar hasta Ítaca. Con el saco de los vientos bien cerrado para que no se escaparan, Ulises se volvió a su barco feliz de poder regresar por fin.

- ¿Qué llevas en ese saco?- le preguntaron sus marineros

- No es nada, pero os puedo asegurar que esta vez llegamos a casa- contestó Ulises.

Pero a los marineros no les bastó la escasa explicación que dio Ulises y empezaron a sospechar que el saco estaba lleno de tesoros, sobre todo, porque Ulises no soltaba el saco ni un solo momento. Y es que a veces los secretos se pueden volver peligrosos. 

Mientras Ulises sujetaba el saco con fuerza para que ningún viento desfavorable se escapara, los marineros le miraban pensando que era un capitán codicioso que pensaba quedarse con todos los tesoros. Y, por supuesto, la cosa no acabó bien.

Ulises, por muy héroe que fuera, también tenía necesidades y en un momento dado el sueño le venció. Los marineros aprovecharon a ese Ulises dormido para arrebatarle el saco al que estaba abrazado. Solo querían abrir el saco para ver qué contenía. Pero en cuanto lo abrieron, un huracán de vientos salió del saco y se formó una tormenta como nunca se había visto en el Mediterráneo. 

Así que el barco de Ulises volvió a alejarse de su destino y se quedó navegando sin rumbo durante unos cuantos días hasta que los fuertes vientos se calmaron. No sabían ni dónde estaban, pero desde luego seguían muy lejos de Ítaca. Lo que sí tenían cerca era una nueva aventura.

Laura Vélez. Redactora de Guiainfantil.com