Mamás y papás, con el sol no se juega

En verano los bebés están tan guapos con estos mofletes rosáceos, que se parecen a muñequitos, ¿verdad? Pero, ¡cuidado con el sol! Porque el color que sus rayos han pintado en la carita de los pequeños puede convertirse en una quemadura o en algo más grave en el futuro. Debemos no solo proteger la piel de los niños como también limitar los horarios en que ellos se exponen al sol.

Cómo proteger la piel de los niños

Le dan crema de sol a bebé

Cuando llega el buen tiempo, quién se resiste a salir y a exponerse al sol. Llega el verano y las vacaciones, y los avisos acerca de los peligros de los rayos solares se propagan. Pero quedarse en casa sería un error, principalmente para los niños. ¿Quién los convence a dejar de salir y de jugar al aire libre? Los niños, como todos, necesitan del sol por muchas razones, aunque por otras también necesitan de límites en cuánto a la mejor hora, el tiempo y de qué forma deben estar bajo el sol.

La Asociación Española Contra el Cáncer, recuerda del riesgo de la exposición excesiva al sol sobre todo durante la infancia. Dos quemaduras solares en la infancia multiplican por tres el riesgo de padecer un melanoma en la edad adulta, y la exposición frecuente al sol durante la niñez multiplica por cuatro ese mismo riesgo. Con estas afirmaciones la dermatóloga Marta García Bustinduy recuerda que los niños no deberían estar expuestos directamente al sol al menos hasta que cumplan los tres años de edad, y que el melanoma es la forma más agresiva del cáncer de piel por lo que se aconseja la prevención desde la más temprana edad, así como un diagnostico precoz.

Para los que están a punto de salir a la playa, estas afirmaciones pueden parecer duras y nada animadoras. Y lo son. Sin embargo, siempre es bueno recordar de los peligros que representa el simple acto de poner los niños al sol. Todos sabemos de los riesgos que existen al hacerlo, pero basta con ponernos al sol para olvidarnos de todo, ¿a que sí?

De todos modos, es importante que no olvidemos de llevar la gorra y la crema con un adecuado factor de protección solar a nuestros niños, también la sombrilla para la playa, que evitemos que los niños estén expuestos al sol entre las 12 y las 16 horas del día, y que les mantengamos siempre bien hidratados y vigilados. Con el sol no se juega. Y mucho menos si se aprecian cambios en algún lunar, o alguna lesión persistente en la piel de los niños. En este caso, se debe acudir a un dermatólogo cuanto antes. Como buena apasionada del sol que soy no puedo terminar este artículo sin decirte que el sol ayuda a nuestro cuerpo a generar vitaminas, entre otras la D, ayuda a nuestro cuerpo a combatir enfermedades, reduce el estrés, nos regala una sensación de bienestar, y que además el sol mejora nuestra apariencia física. ¿Qué más podemos pedir? Solo precaución y conciencia.