Cuidados de la Piel

La piel es el órgano más grande que tenemos en nuestro cuerpo y se va cambiando según la edad, la alimentación, el estado de la salud, y otros factores.

La piel de los niños, desde que nacen, necesita ciertos cuidados como la higiene, la hidratación, la protección, como medidas de prevención de enfermedades y otros problemas.

Pensando en ello, Guiainfantil.com ha elaborado una guía de consejos sobre cómo cuidar la piel de los niños, así como tratar y curar posibles infecciones, quemaduras, alergias, o enfermedades más graves como el cáncer de piel.

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Los problemas de la piel de los niños

La piel de los niños. Los niños son cada vez más propensos a tener problemas de piel, principalmente porque están más expuestos: deportes al aire libre, juegos en la piscina o playa, vestuarios compartidos…, actividades muy comunes entre sus clases extraescolares. Sobre todo cuando estamos hablando de enfermedades contagiosas como pueden ser las verrugas y los molluscum, que se propagan por el contacto directo con células infectadas.

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Jabones adecuados para niños con dermatitis atópica

En Guiainfantil.com te contamos qué jabones podemos utilizar si nuestros hijos tienen dermatitis atópica para evitar que su piel se resienta. Y es que, nuestro sistema inmune se ha debilitado en los últimos años debido a la alta contaminación, el sol excesivo, una alimentación cada vez menos natural y los jabones y cremas con aditivos químicos totalmente innecesarios para la piel.

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Nos dejamos la piel en el embarazo

No es necesario dejarse la piel en el embarazo, no debemos abandonarnos y dejar de cuidar la piel. Es precisamente en esta etapa de la vida de la mujer, el embarazo, cuando hay que extremar los cuidados de la piel y evitar así estrías y manchas. La piel de la barriga cederá tanto que es muy importante hidratarla para evitar males futuros.

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Mi bebé tiene una mancha en la piel

Al nacer mi bebé estaba ensimismada con él. En aquel momento, sentí que tenía entre mis brazos el regalo más hermoso que me había donado la vida y le miraba sin descanso. Durante las primeras horas de su vida no podía apartar mis ojos de él y entre tanta observación ví que tenía un pequeño lunar, de tamaño diminuto, en el cuello. El lunar no era de color pardo, sino rojo y le pregunté a la pediatra.