La importancia del agua en la infancia y el error de sustituirla por otras bebidas

Los niños necesitan más agua que los adultos

El agua tiene funciones de importancia vital en el organismo, tales como favorecer la concentración y el rendimiento cerebral, ayudar a la regulación de la temperatura corporal, transportar nutrientes hasta las células o ayudar a la digestión de los alimentos.

Por el contrario, su falta se manifiesta con distracción, irritabilidad, cansancio e incluso apatía, síntomas que debemos tener en cuenta para prevenir e intentar que no lleguen a aparecer.

La importancia de beber agua en la infancia

El agua en la infancia y el error de dar otras bebidas a los niños

Aunque el agua es trascendental durante toda la vida, la infancia es una etapa particularmente sensible en cuanto a sus necesidades. Los niños necesitan, proporcionalmente, más agua que los adultos por varios motivos:

- Tienen más dificultad que los adultos para regular y mantener su temperatura corporal, por lo que, si hace calor, el riesgo de deshidratación es aún más alto.

- No suelen ser capaces detectar las señales de alarma del cuerpo, como la sequedad de la boca cuando se tiene sed, hasta que es demasiado tarde.

- Son más activos que los adultos, siempre en movimiento y no siempre buscando los lugares más apropiados, como la sombra en verano.

- El agua en la infancia es básica para su crecimiento.

El error de sustituir el agua en la infancia por otras bebidas

Las recomendaciones, en condiciones normales de temperatura, y realizando una actividad física normal, son de, aproximadamente, entre cuatro y cinco vasos de agua diarios para niños entre uno y tres años, y aumentando progresivamente la cantidad desde los 4 años hasta alcanzar los aproximadamente 8 vasos que se recomiendan desde la adolescencia hasta la edad adulta.

El agua no solo proviene de la bebida, sino que obviamente, algunos alimentos ya la contienen, por lo que no es estrictamente necesario beber ese número de vasos de agua, sino que esa sería la necesidad total, cubierta por todos los alimentos de la dieta.

Sin embargo, cuando los padres intentan mantener a sus hijos hidratados, en ocasiones recurren a bebidas que no son agua, y que, lejos de solucionar el problema, pueden causar uno mayor. Sustituir el agua en la infancia por otras bebidas es un error:

- por un lado, la salud dental de los niños ha empeorado durante las últimas décadas, y en gran parte es debido a la cantidad de bebidas perjudiciales para la dentadura que existen al alcance de los más pequeños.

- por otro, el sobrepeso, además de por unos hábitos de comida y ejercicio físico poco saludables, se debe también a un aumento en la ingesta de bebidas poco recomendables.

La tendencia que se observa es alarmante, los niños cada vez beben menos agua, y, en su lugar, consumen bebidas tremendamente calóricas, a la par que cariogénicas. No solo se incluyen en este grupo aquellas cuyo contenido en azúcar es elevado, como puedan ser batidos y zumos, naturales o industriales, sino también las bebidas gaseosas o carbonatadas, cuyos ácidos atacan al esmalte dental, dejando espacio para que Streptococcus mutans, la bacteria mayoritariamente causante de la caries dental, se adhiera al diente, potenciando la aparición de caries.

No es necesario forzar al niño a beber, pero si tener siempre agua, y únicamente agua, a su alcance.