Castigar al niño sin hablarle es peor que castigarle con palabras

El peligro de ignorar y no hablar al niño para castigarle

El castigo es una herramienta que ha sido usada por los adultos en la educación de sus hijos desde hace mucho tiempo. Debido a ello, su uso en la sociedad está normalizado. El castigo sigue siendo utilizado debido a su aparente inmediatez y eficacia a la hora de eliminar o corregir una conducta o comportamiento molesto o inadecuado.

Los padres hacen uso todo tipo de castigos, como por ejemplo: no poder ver la televisión, no salir durante un periodo de tiempo, o incluso no hablarles. Sin embargo, el castigo del silencio hace un daño aun mayor a los niños que el castigo privativo.

Consecuencias de castigar con el silencio a los niños

El castigo con el silencio es peor que con palabras

Las razones que tienen los padres para castigar son muy dispares, tanto que hay veces que los niños los pueden vivir como injustos e incluso se provoca en ellos consecuencias negativas en sus desarrollo. Por lo tanto, se puede afirmar que el castigo es un método poco o nada educativo.

Según los expertos castigar a los niños con el silencio es más peligroso que con palabras. El mal uso de una palabra puede ocasionar conflictos pero no usarlas es peor, sobre todo cuando se utiliza como un método de castigo para los niños. Dentro del entorno familiar puede darse el uso de la indiferencia como castigo.

Ésta aparece: con falta de gestos de cariño, con el silencio o con un trato superficial. Se genera malestar, es degradante e, incluso, rompe el vínculo afectivo padres-hijos. Cuando se obra con indiferencia en la educación de los hijos no se es consciente de las consecuencias que esto conlleva. De hecho, muchas veces se siente esta actitud impasible como correcta y satisfactoria.

Con esta actitud se provoca en el niño:

- Baja autoestima. Si no se obtiene ningún tipo de respuesta al comportamiento no hay retroalimentación. Esto repercute gravemente en la autoimagen del niño que aún está formando su personalidad. Se origina una gran inseguridad en el pequeño.

- Tensión mental. El niño al no saber lo que piensa la otra persona hará un gran esfuerzo por descifrar al adulto. Esto a largo plazo provoca ansiedad y estrés en el pequeño.

- Confusión. Si hay indiferencia no puede existir el mecanismo acción-reacción. Es decir, cuando el niño actúa de cierta manera pero no se da la reacción consecuente se creará desconcierto en él. Esto afectará en la comunicación padres-hijos, haciéndola más difícil.

Alternativas al castigo en la infancia

El castigo es un método injusto y poco educativo en el desarrollo del niño. Su uso no es necesario para que los pequeños se comporten adecuadamente. Entonces, qué pueden hacer los adultos ante comportamientos inadecuados sin utilizar el castigo:

- Prevenir. Saber cómo piensa el niño es fundamental. El niño no tiene intenciones “malas” en todo lo que hace. Cuando son pequeños se muestran más impulsivos. Los adultos debemos acompañarles, calmarles y ayudarles a entender sus emociones y sentimientos.

- Límites. Los niños aprenden explorando y experimentando. Es importante que como adultos les demos unas normas y límites en los que puedan moverse en libertad pero dentro de un marco establecido.

- Modelado. Los niños aprenden por observación, por lo tanto, los adultos deben ser coherentes con lo que se les pide a los niños. Por ejemplo, si no queremos que el niño pegue o grite, no se le debe llamar la atención con gritos o pegarle un cachete como castigo.

Y, grandes dosis de paciencia.