Astenia primaveral en niños

Por qué hay niños que están más cansados en primavera

Seguramente todos hemos oído que en primavera y en otoño solemos estar más cansados, es algo muy común, resulta que cuando comienzan a alargarse los días y el calor por fin nos permite estar más tiempo en la calle después de un largo invierno, comenzamos a sentirnos más cansados de lo habitual, más irritables e incluso tristes. Pero esto no solo afecta a los adultos, sino que son los niños y los ancianos son los más perjudicados por este tipo de síntomas, ya que son los más susceptibles a los cambios estacionales: es la astenia primaveral.

Qué es la astenia primaveral y cómo afecta a los niños

Astenia primaveral en la infancia

Aunque la astenia primaveral es algo pasajero para lo que no hay tratamiento alguno ni medicamento que sirva, no debe quitársele importancia, ya que en los casos más extremos puede desembocar en depresión. Lo normal es padecerla entre una semana y 15 días, el tiempo que tarda el cuerpo en acostumbrarse al nuevo cambio climático y al aumento de las horas de sol; pero si los síntomas continúan después de ese periodo deberemos consultar con el pediatra por si realmente se trata de otra enfermedad oculta tras la astenia.

Los síntomas más comunes son: insomnio, cansancio, inapetencia, irritabilidad, tristeza, o cambios de humor; y el principal culpable es el cambio de tiempo, que provoca una alteración en el ritmo biológico del niño, con una alteración de las hormonas, en concreto la betaendorfina que reduce su producción, y que es la responsable del bienestar en el organismo.

Cómo combatir la astenia primaveral en niños

Lo mejor para combatirla es seguir hábitos de vida saludables. Aquí os dejamos algunos consejos para que la astenia primaveral dure lo menos posible:

1- Realizar ejercicio físico ayuda a segregar endorfinas y mejoran el estado de ánimo.

2- Se debe continuar con la rutina de sueño sin que se rompa a pesar del cambio horario, y dejarles dormir lo que necesiten los fines de semana.

3- Deben comer cinco veces al día, sin saltarse ninguna comida para que no sientan cansancio, además de facilitarles un menú completo y variado.

4- Aumentar la ingesta de verduras y frutas, además de beber mucha agua para tener una buena hidratación. Los lácteos también son importantes ya que actúan sobre el sistema nervioso combatiendo la tristeza.

5- Es importante tomar hidratos de carbono diarios. Pan, pasta, cereales o arroz aportan unos mayores niveles de glucosa. Es recomendable tomar miel, ya que refuerza nuestro sistema inmune y da energía. 

6- Disminuir las comidas copiosas y grasas que producen fatiga; eliminar la bollería en la medida de lo posible, los refrescos y las deseadas gominolas para dejar paso a comidas más nutritivas. 

7- Tener vigilado al niño, especialmente si los síntomas van acompañados de mocos, estornudos, picor de ojos y nariz o diarrea; puede ser que el niño esté padeciendo un cuadro de alergia que debe estar controlado por el pediatra.